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Fluyen serpenteando los días entre fluctuaciones de llanto y sosiego. Mi lucha, la lucha del que repta agónico no es otra que el reconocimiento de lo propio, de la autenticidad, despojada de los rastrojos ajenos que nos desfiguran. Y así, sola, urdida con lo poco que poseo, siendo lo que puedo ser, que menudencia somos, pero lo propio nos embellece.