El problema de la filosofía

Las disquisiciones filosóficas sobre el Ser, desde las más antiguas, muestran la trascendencia de poder identificar la entidad de lo que predicamos que es; Esto, en la actualidad, constituye la estrategia más eficaz para discernir entre lo que parecemos ser, porque así se nos exige, y lo que auténticamente somos. La clave reside en un uso riguroso del lenguaje que denote nítidamente la cosa, su ser en el Ser heideggeriano, su atribución cualitativa, o en conclusión qué decimos cuando usamos la cópula “ES”. Si el pensar último versa sobre el problema del ser, su indagación consiste en establecer las correspondencias lingüísticas entre los términos y las cosas, sin este análisis estaremos entorpecidos por ambigüedades que impiden nuestra aproximación a la respuesta sobre porqué existen cosas, en lugar de no haber nada. Y si no atinamos a dar cuenta del ser del ente, de en qué consiste su entidad, continuaremos naufragando en la comprensión de la realidad y en nuestra relación con ella. De aquí que éste devenga el problema de la Filosofía, para Heidegger -como ya intuyó desde una perspectiva algo diferente Leibniz.

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