Entre el tiempo y el espacio

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Deslizándonos, sin ejercer la voluntad, por la pendiente del tiempo, gastamos ese tramo incognoscible en el que existiremos. Porque el trazado de la vida es una inclinación descendiente que se consume, aunque se nos presente como un escarpado montículo laborioso de trepar. Y es que el tiempo se esfuma sin apercibirnos en el afán de no abatirnos, ni flaquear en ese espacio por el que peregrinamos, resignados, ante la dificultad de que existir sea siempre una escalada montuosa.

Por ello, al final, el tiempo es siempre breve, la intensidad del dolor procede del espacio, oponente insidioso y tenaz.

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