Balances vitales -11de marzo de 2004-

3 comentarios

Hay acontecimientos que nos  llevan a la tesitura de pasar cuentas con la vida. Y nos  envolvemos en una amalgama de hitos que oscilan entre lo trágico, lo cómico y lo terriblemente amargo. No hay síntesis posible de esa heterogeneidad usualmente antagónica. Tan solo la diversa capacidad de interiorizar lo benéfico como reparador de lo destructivo. De ahí se deriva el balance vital o la autopercepción de cómo “nos ha tratado la vida” o, inclusive, cómo “nos hemos tratado a nosotros mismos”.

Sabiendo que el acontecer se superpone a nuestra nimiedad, nos resta la capacidad de metabolizar lo sucedido para revertirlo en lo menos nocivo posible. Pero además, no somos entes que tan solo reaccionan ante lo que sucede, sino que disponemos del poderío de provocar la posibilidad más benéfica y desarrollarla en sentido favorable.

A menudo, y desgraciadamente, parece contraponerse nuestro bien al de otros. Esto puede ser así aparentemente, y de facto. Pero quizás estamos legitimados a, analizando con rigor la situación, optar por lo más justo, lo más equitativo, ponderando el tipo de mal y de bien que de una decisión u otra  se derivan.

Sostengo, como Kant, que la virtud únicamente nos hace merecedores de la felicidad, pero no necesariamente felices. Sin embargo, entiendo que si tenemos en cuenta el contexto en el que nos hemos visto forzados a decidir y actuar, y por supuesto nuestras limitaciones singulares, sí obtenemos una cierta paz interior que, aunque no podamos equiparar a la felicidad, sí nos otorga un gusto agridulce de lo que aconteciendo hemos sido capaces de hacer.

Además, cabe que nos preguntemos qué es eso que denominamos felicidad, y si no constituye, en última instancia, una entelequia necesaria para sostenernos y no decaer, siendo esta imposible como estado de bienestar interior permanente, en un mundo que no cesa de azuzarnos  con zarpazos hirientes. Y no me refiero exclusivamente a aquello que nos sucede en primera persona sino también a todo cuanto deviene a otros, ajenos tal vez, de atroz y espeluznante.

Nada más pertinente esta última consideración, hoy once de marzo, en el que no podemos evitar tener un recuerdo a las víctimas y las familias de los atentados de Madrid. Y hacerlo a su vez extensivo a todas las vidas inocentes que se cobran la violencia, las guerras y las desigualdades sociales y económicas –hambrunas, enfermedades por falta de fármacos,…-en todo el planeta.

No somos responsables de contingencias azarosas que acontecen, pero sí plenamente causantes de las consecuencias directas e indirectas de nuestras decisiones. Y haciendo balance son muchas.

 

 

Plural: 3 comentarios en “Balances vitales -11de marzo de 2004-”

  1. Es cierto…/ Ana, es así… somos responsables -por acción u omisión- de las desigualdades sociales -caldo de cultivo- de esa revancha/lucha ancestral de los pueblos/personas… La virtud/ nuestra felicidad siempre estará ligada al esfuerzo; esa capacidad de hacer un mundo/entorno más justo… y sostenible?
    Un abrazo!!
    Lucio

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  2. No sé si me repito (creo que sí), pero para mí la felicidad es una quimera. Es decir, que no existe. A lo máximo, disfrutamos de unos cuantos momentos felices a lo largo de la vida.
    El último párrafo de su entrada me resulta a la vez perturbador y difícil de comprender. Recuerde, si us plau, que yo sólo digo que comprendo algo cuando lo hago en profundidad (naturalmente, según mi criterio).
    Reparador descanso nocturno para Vd.

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