Contra el optimismo ingenuo

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Desnutrirnos de desafecto, ignorancia e indiferencia es semejante a horadar una concavidad destinada a ser una siniestra oquedad sin culminación posible. Un algo gestado para la vacuidad, cuyo horizonte es ser absorbido sin condescendencia, por súplicas o ruegos, hasta devenir aquello que, de entrada, condicionó y posibilitó su leve estar.

El tremebundo acto de asumirnos como siendos a los que, al contrario del optimismo sartriano, ni nos pertenece la existencia ni como Sartre pretendió el privilegio de forjar cierta esencia; como exceso, por ventura, un atisbo de esa naturaleza.

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