De cómo votar puede haberse convertido en la forma postmoderna de sometimiento. Voto, luego existo como un imbécil.

5 comentarios

A una semana de las elecciones generales el panorama es patético. La irresponsabilidad de la clase política se trasluce en haberse desentendido de los problemas reales de la ciudadanía, como por ejemplo: la alarmante igualdad entre los sueldos medios y los alquileres, el paro, la falta de futuro que azota no solo a los trabajadores menos cualificados sino a todos, las pensiones y su sostenibilidad, el sistema educativo a revisar de raíz, la falta de medios y la descualificación de muchas universidades públicas, la pobreza extrema en la que se encuentra un porcentaje nada desdeñable de la población, la seguridad, la regeneración legislativa sometiendo la misma Constitución a debate, la injusta aplicación de la ley en casos que generan una alarma social preocupante,….etc.

Esta omisión generalizada de lo que debería ser el objeto de la política, sume a los supuestos votantes en una desidia y desesperanza legitimada por el litigio de verdulería a modo “Sálvame de luxe” con el que estos se tropiezan en los mítines, los debates televisivos, los eslóganes de las campañas, el tironeo vía redes sociales,…

Una vergüenza, una degradación que exigiría limpiar de inútiles el espacio político. Pero, como todos sabemos, esta percepción negativamente realista beneficia a los extremistas que a día de hoy son a grandes rasgos de derechas, y que permite augurar un ascenso preocupante para los derechos sociales de los ciudadanos de estas fuerzas emergentes.

Quienes tanto han vociferado –y esto no implica que en algunas ocasiones no haya sido así- la pérdida progresiva de los derechos políticos y civiles, quizás no se aperciban de que sin derechos sociales no hay posibilidad de ejercer de forma efectiva ningún otro derecho. Aterrizando más, a quien se le niega su derecho a la vivienda o a un subsidio ciudadano que le permita sobrevivir, poco puede preocuparse por otro tipo de derechos si la acuciante necesidad le lleva a “buscarse la vida”, incluso a menudo al margen de la legalidad.

En otros términos la libertad de expresión y acción solo puede ser realizada en unas condiciones de vida mínimas que el Estado debe garantizar o bien mediante políticas eficaces económicas y sociales por parte del gobierno, o bien paliando la escasez con subsidios temporales que suavicen situaciones inadmisibles.

Como mencionaba al inicio del artículo esas no son las prioridades de los partidos  políticos que se han sumado al monotemático problema de Catalunya como vía de fuga demagógica que les excusa de lo inmediatamente importante y necesario. Y esto porque el conflicto que hay en Catalunya, entre los  mismos catalanes gracias a los líderes políticos, cuyo propósito parecía ese, es reciente. Antes no había problema generalizado de convivencia, ahora este conflicto que,  aun no ha explotado definitivamente, está y se masca en el ambiente cuando aparecen e intentan esquivarse determinadas cuestiones.

Pero además hay una cuestión pendiente –la autodeterminación y su demandado sufragio- que debe abordarse a base de un diálogo relista por ambas partes y con la conciencia de que no es un asunto que pueda ser resuelto a corto ni medio plazo, si se desea hacer por vías legales. La unilateralidad no es deseable para nadie, ni para los que acaban en la cárcel, ni para el resto de catalanes que se sienten reprimidos o simplemente tristes al presenciar en lo que se ha convertido Catalunya gracias a las ambiciones políticas. Creo que si hurgáramos desde los tiempos de Pujol nos encontraríamos con sorpresas que dejaron de ser eficaces, lo cual permitió a los líderes catalanes presionar, sin mucha habilidad, hasta romper la cuerda.

La política que debería ser el arte de lidiar entre diferentes perspectivas para construir colectivamente –a través de los representantes democráticos- soluciones a los problemas orientándolas al bien común, no tiene ya nada de esto. Es, de facto, un mercadeo de votos para conquistar de forma legítima y legal el poder y posteriormente someterse a las directrices de las instituciones y poderes internacionales que ratifican y sancionan determinadas políticas, obligando al abandono de otras que no responden a los intereses de las élites económicas. Así, politiquear es de per se engañar y estafar.

La percepción ciudadana de que las elecciones son inútiles es bastante atinada, más cuando parece que estas del 10N nos van a llevar de cabeza a otras,…y de esta situación de vacío de poder en el que nadie gobierna, en Catalunya estamos hartos porque llevamos, entre los unos y los otros, años sin gobiernos reales.

Curiosamente la sociedad y el día a día siguen funcionando, lo cual debería llevar a plantearnos que los ciudadanos tenemos más poder del que pensamos, solo y solo si nos une una causa transversal que tenga como objetivo firme e irrenunciable conquistar unas condiciones de vida mínimamente dignas para todos, y mantenernos ahí. Si nos dejamos manipular por los políticos y los medios de comunicación a su servicio, que pretenden desunirnos, desorientarnos sobre lo sustancial, dándonos pan y circo con los enfrentamientos entre políticos por cuestiones colaterales, estaremos condenados a este espectáculo esperpéntico del que sí viven los políticos, pero es una causa relevante del empobrecimiento progresivo de la mayoría de la ciudadanía.

Quizás Marx no está tan desfasado, aunque a algunos les convenga distorsionarlo para que no inspire ningún tipo de revolución estructural que ponga en peligro el sistema vigente. Deberíamos releer al Marx maduro, dicen los expertos, para repensar la situación política y económica-social presente.

Plural: 5 comentarios en “De cómo votar puede haberse convertido en la forma postmoderna de sometimiento. Voto, luego existo como un imbécil.”

    1. Bueno, eso tendría que ser una acción colectiva, como narra Saramago en su novela, y ahora de memoria dudo, creo que es “Ensayo sobre la lucidez”…. Un pueblo decide no ir a las urnas y los politicos se quedan atacados al constatar la respuesta del pueblo, que se convierte en una dura crítica al sistema. En sociedades complejas como las nuestras eso sería inviable, pero no quizás llegar a un 70% de abstención… Que sería un golpe y un escarmiento a la clase política… Esa acción obviamente alguien tendría que liderarla… En fin, muy complejo y mucha impotencia….

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  1. El tema es muy complejo. Comparto la mayoría de lo que dices, pero no creo que la solución sea la abstención o el voto en blanco; pues eso, como apuntas, favorece a las opciones más conservadoras.
    Desgraciadamente, en un mundo tan global, y donde el pueblo es fácilmente manipulable a través de los medios de desinformación, poco se puede hacer. Quizá lo mejor sea tratar de buscar la opción menos mala, la menos opresora dentro del abanico político.

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