¡BASTA YA DE MANADAS Y SENTENCIAS INCACEPTABLES!

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Muchas y muchos –desearía poder decir todos– estamos consternados por la sentencia de la “Manada de Manresa”. A modo de recordatorio o para los que leáis estas líneas desde fuera de España, reproduzco un fragmento publicado por el periódico El Mundo (31-10-19)[1]:

La Audiencia de Barcelona ha condenado a penas de entre 10 y 12 años de cárcel por un delito de abuso sexual a cinco de los seis procesados por violar por turnos a una menor de 14 años en Manresa (Barcelona), a quienes la Fiscalía acusaba de agresión sexual al entender que la víctima fue intimidada.

En su sentencia, la sección 22ª de la Audiencia de Barcelona absuelve a uno de los seis acusados de la violación, ocurrida en octubre de 2016 en un botellón en una nave abandonada de Manresa, y a un séptimo hombre al que se imputaba omisión de impedir delitos, por masturbarse mientras presenciaba el ataque sin tratar de evitarlo.

El tribunal ha descartado la tesis de la Fiscalía de que los procesados se valieron de su superioridad numérica y el estado de ebriedad de la víctima para intimidarla y agredirla sexualmente y muestra su “sorpresa” por el hecho de que el ministerio público, que inicialmente acusaba a los procesados de abusos, lo elevara a agresión sexual en sus conclusiones definitivas.

Para la sala, los hechos deben ser calificados de abuso porque la víctima se encontraba “en estado de inconsciencia, sin saber qué hacía y qué no hacía” y sin poder “determinarse y aceptar u oponerse a las relaciones sexuales” con los procesados, quienes no tuvieron que emplear “ningún tipo de violencia o intimidación” contra ella.

O sea, para que nos entendamos: según los ilustres jueces de la sala si alguien está inconsciente como no puede consentir u oponerse a las relaciones sexuales, solo es un abuso no una agresión. Así que a partir de ahora que se cuide mucho ninguna mujer de perder el conocimiento en plena calle, porque parece que eso da cierto derecho a los machos cabríos a vejarla sexualmente ya que “no dice nada”. Motivo por el cual su silencio no otorga categoría de agresión o violación, según el código penal español. Además, se da el caso de que contemplar la violación en grupo y masturbarse mientras, no constituye delito alguno, así que la sala lo absuelve porque no “podría haber hecho nada efectivo para evitar los delitos, cometidos por una pluralidad de hombres y en un descampado alejado de zonas habitadas donde poder encontrar auxilio, fuera para detener los ataques a la víctima o, en caso de enfrentarse solo a los atacantes, evitar la posible reacción agresiva de estos contra él”. Claro, pobre hombre. No podía alejarse discretamente y llamar a la policía porque eso suponía un riesgo para él que no podía enfrentarse a varios hombres, y no le quedó más remedio que masturbarse mientras los otros la violaban.

Así que la víctima no manifestó oposición porque estaba inconsciente y, sabe Dios, si en caso de no estarlo hubiera podido como superwoman resistirse a la manada de cerdos –y que me disculpen los cerdos- Pero, queda probado que el masturbador compulsivo no pudo hacer otra cosa, así que absuelto.

Además hay otro agravante. La víctima era una cría de 14 años y los agresores todos mayores de edad –aunque no puedo precisarla- Uno de ellos, que conocía a la víctima porque la semana anterior habían mantenido relaciones sexuales consentidas, la convenció para apartarse del tumulto festivo, llamó a sus amigotes y estuvieron consumiendo alcohol y porros. No sé nada de derecho penal, pero eso en sí mismo ya debería constituir un delito, porque siete tipejos mayores de edad inducen, que no obligan, a una menor – ¡catorce años!- al consumo de drogas con la voluntad, y eso parece evidente si a la pareja se suman seis animales más –que disculpen los animales, nuevamente- de dejarla sin capacidad de oposición para poder hacer realidad eso que ven en las películas pornográficas. Unos sujetos sin conciencia moral, ni capacidad alguna de diferenciar lo que es una fantasía de un acto, de lo que alguien puede imaginar y de lo que después su condición humana le lleva a refrenar o a desechar por constituir una agresión brutal, si eso se lleva a cabo sin el beneplácito y clara voluntad de la persona cosificarse sexualmente, de recrear una fantasía pornográfica en la realidad. Por eso, se ven obligados a forzar, intimidar a las que son víctimas, nunca participantes voluntarias de ese delirio compulsivo, más propio de individuos que solo les funciona el pene que de personas.

Quiero además hacer un llamamiento al sentido común de los jueces. Las leyes deben ser aplicadas, pero en ese ejercicio de interpretación no puede faltar algo tan básico como es el sentido común, porque si no se pronuncian sentencias que parecen tiras cómicas de un diario. Quiera el destino que ni a sus hijas, ni nietas les suceda algo semejante y se tropiecen con un Tribunal tan insensato como el que esos jueces han constituido. Porque ya quizás será tarde para muchas víctimas que se han visto más juzgadas que los propios violadores.

A las familias, que tengan hijas e hijos, que asuman la parte de responsabilidad de haber maleducado y para nada conducido en una mínima ética y en una educación sexual-afectiva a esos que luego se convierten en agresores sexuales en grupo. Porque, lo suyo, no es un problema que como puede darse en el caso de un violador de incapacidad de controlar sus impulsos libidinosos, sino una falta de límites, de referentes que los proporciona principalmente la familia. Basta de hacer dejación de las funciones parentales creyendo que la escuela puede y debe educar a sus hijos. Son los padres, apoyados después por la escuela, los principales educadores de sus hijos.

Mi lamento por ese acontecimiento que tuvo lugar en el año 2016 y que ha marcado de forma irreversible la vida de esa chica que hoy debe contar con diecisiete o dieciocho años. Deseo que haya y esté recibiéndola ayuda necesaria de especialistas para resituarse en la vida, recuperando aquello que hay en ella que seguro vale la pena desarrollar y cultivar, en especial su capacidad de resiliencia.

[1]https://www.elmundo.es/cataluna/2019/10/31/5dbacbc5fdddffa4788b45bb.html
Imagen extrída del diario Levante.

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