Freud y la muerte

Un comentario

“¿No sería mejor dejar a la muerte, en la realidad y en nuestros pensamientos, el lugar que por derecho le corresponde, y sacar a relucir un poco más nuestra actitud inconsciente hacia ella, que hasta el presente hemos sofocado con tanto cuidado? No parece esto una gran conquista; más bien sería un retroceso en muchos  aspectos, una regresión, pero tiene la ventaja de dejar, más espacio  a la veracidad y hacer que de nuevo la vida nos resulte soportable. Y soportar la vida sigue siendo el primer deber de todo ser vivo. La ilusión pierde todo su valor cuando nos estorba hacerlo.”

Recordamos el viejo apotegma: Si vis pacem, para bellum: Si quieres conservar la paz, ármate para la guerra. Sería tiempo de modificarlo: Si vis vitam, para mortem: Si quieres soportar la vida, prepárate para la muerte”

S. Freud, De guerra y muerte. Temas de actualidad, Amorrortu Editores.

El llamado de Freud nos invita a hacer de la muerte algo propio de la realidad de la vida, en lugar de sofocarla en el inconsciente cono hemos hecho hasta ahora. Cree que esta presencia viva de la muerte hará el hecho de vivir más soportable. Porque, y no hay que entenderlo en un sentido moral, el deber de todo ser vivo es soportar la vida. Es decir el instinto de preservar  la vida es lo que nos lleva a sostenerla, a seguir vivos.

Por ello, la consigna de Freud es, modificando del principio latino, si quieres soportar –proteger- la vida, prepárate para la muerte. Esto puede resultar paradójico si no apreciamos la importancia que otorga Freud a ser conscientes de la muerte como una realidad que forma parte del vivir mismo. Si tememos a la muerte es que no hemos asumido ni interiorizado en qué consiste la vida.

Sería algo así como afirmar que a mayor consciencia de la muerte más veracidad y autenticidad de lo que es la vida; por consiguiente un empeño ilusionante de preservar la vida, valorándola en lo que es.

Obviamente, no me resulta tan claro que el hecho de tener presente el binomio vida-muerte lleve necesariamente a una mayor voluntad de conservarla, ya que interfieren múltiples elementos en las ganas de vivir que el hecho de asumir que moriremos.

Pero lo que sí, entiendo como Freud, es que la muerte y en especial algunos tipos de muerte siguen siendo un tabú social, porque no todos son aceptados y algunos son enjuiciados moralmente como una huida propio de cobardes, como por ejemplo el suicidio y al eutanasia, tan presente hoy en esta sociedad que ha perdido la capacidad simbólica de llenar la vacuidad interior y de un mundo en que el desarrollo de la ciencia médica nos sostiene vivos de manera cuestionable desde lo que es una vida digna.

Es de justicia, por tanto, reconocer a Freud la osadía de desvelar el tabú de la muerte como algo casi prohibitivo de ser dicho o pensado, hasta que nos enfrentamos a ella de manera imprevista y sin recursos para afrontarla. Primero la de los otros y por último  la propia.

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