Merlín: Sapere Aude. El fraude continúa.

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Si Kant levantara la cabeza y se sentara –a su hora rigurosamente- a ver la nueva etapa de la serie Merlí, se caería de su butaca víctima de un colapso cardiaco. SAPERE AUDE, atrévete a saber, es el clamor que el pensador prusiano lanzó en su texto ¿Qué es la Ilustración?, con la voluntad de exhortar a sus contemporáneos a ejercer su capacidad de pensar crítica y libre, eso sí, con el esfuerzo que exige un análisis con rigor de lo que el conocimiento mismo implica. No me extenderé más aquí.

El caso es que el uso de esta proclama kantiana –que tomó de Horacio- está siendo malformada, vilipendiada y ridiculizada nuevamente por esa serie que, sinceramente, parece pensada para vulgarizar la Filosofía como esa disciplina que debe estudiar cualquier adolescente inquieto, más que a prestigiarla.

He visto algunos de los capítulos de la nueva etapa –creo que cinco de ocho- con el propósito de volver a denunciar las falsedades, falacias y distorsiones que se hacen con fines comerciales no solo de la filosofía en sí misma, sino de lo que es estudiar ese grado en la Universidad.

Para empezar con cuestiones menores, pero no banales para los que viven en Barcelona o se les puede ocurrir estudiar el grado aquí, la Facultad de Filosofía no está ubicada en ese emblemático edificio que aparece en la serie, que pertenece en realidad a Filologías y Matemáticas –aparte de otros grados relacionados con la comunicación- Sino, en el barrio del Raval junto con Historia y Geografía. Es decir, en un barrio en el que los vecinos se sienten asediados por el tráfico de drogas, los okupas, las peleas callejeras y al cual el Ayuntamiento se ha visto obligado a destinar dotaciones extras de vigilancia policial y desmantelamiento de pisos con actividades ilegales, para acallar las protestas vecinales. Es un barrio que pertenece al casco antiguo de la ciudad pero deteriorado por falta de voluntad de acondicionar una zona muy propia de la ciudad condal. Sufrió un lavado de cara con motivo de los juegos olímpicos del 92 –trasladando la prostitución que era visible por las calles y la droga a los barrios periféricos. Pero las Olimpiadas pasaron y el Raval se recompuso como el barrio donde se aglutina mucha población marginal que convive con los vecinos.

En cuanto a la aplicación del plan Bolonia que aparece referido en el primer capítulo, aparte de menguar los contenidos por reducir la carrera un año, en la Universidad Pública no se pasa lista ni es preciso pedir permiso al profesor para entrar o salir de clase. Ahí si aparece un guiño a la estafa que ha supuesto esta remodelación de los estudios: en primer lugar porque no se puede seguir tratando a los universitarios como adolescentes a los que hay que controlar y planificar casi el estudio con “pruebecitas” que les mantengan en vilo, porque eso perjudica siempre a los que combinan trabajo con estudios, y en segundo lugar la reducción de cursos del ahora denominado grado hace imprescindible el estudio de un master –carísimos- que te capacite profesionalmente para algo. En el caso de la Filosofía: la enseñanza, la investigación en la Universidad que como se ve en la serie es algo casi imposible y que solo es compatible con otro trabajo que te permita sobrevivir –excepto los que tienen ya una plaza fija o los catedráticos, sabiendo que no hay convocatorias de plazas porque las necesidades de profesorado se cubre con la figura del “asociado” que es alguien que se mantiene vinculado a la Universidad por quinientos euros mensuales y que mientras se busca el sustento de otras formas- o el trabajo en el mundo editorial. Cierto es que siempre se pueden cursar otros masters que te capaciten para introducirte en el mundo empresarial, aunque quizás ya nos alejamos de lo que a alguien que estudia con conciencia Filosofía le parecería apropiado a esta disciplina.

Abandonando las cuestiones menores mencionadas –que insisto no lo son- cabe despertar a los jóvenes del sueño romántico: las clases no son lo que aparece en la serie, un continuo provocar y desafiar cuestiones cotidianas que forman parte de la tradición y la cultura y la Filosofía pretende poner patas arriba. No son así como práctica habitual porque la Filosofía intenta problematizar  cuestiones tan enraizadas en nuestro sentido común que en ningún momento alguien lo consideraría algo a indagar. Por poner un ejemplo: ¿en qué consiste ser una silla? Y por extensión ¿en qué consiste ser? Y de la respuesta argumentada y provisional que formulemos se despertarán otras cuestiones sustanciales que exigen mucha lectura de filósofos anteriores y contemporáneos antes de poseer herramientas que nos lancen a la posibilidad de pensar con el rigor y la crítica que demandaba Kant.

Después, me ha alarmado la desfiguración y perversión que se hace del pensamiento de Epicuro, de Kant…por citar algunos. Más sabiendo que tras el guion de la serie hay un asesor que es profesor actual de la Facultad de Filosofía. No puedo dejar de interpretarlos como cebos comerciales que volverán a revertir en un aumento de la matrícula de alumnos en Filosofía absolutamente engañados sobre a qué van a enfrentarse. Incluso el contenido que aparece en la clase de Lógica, que se presenta como la asignatura más “hueso”, está falseado porque el cálculo deductivo no es más que un pequeño preámbulo –que algunos han cursado en el bachillerato- insignificante y el peso de la materia recae sobre cuestiones de lógica-matemática mucho más complejas.

Si entramos a analizar el perfil de los personajes ya es para desternillarse. El tema de homosexualidad es un problema extendido y recurrente en todos los jóvenes –parece-, la profesora emblemática de la Facultad es una fracasada vital con un problema grave de alcoholismo que se muestra como la fuga que ha encontrado ante una vida insatisfactoria, con una hija que es síndrome de Down, con mucho más sentido común que su madre y que como catedrática de Etica la gran lección que le da a su “alumno preferido” –volvemos a cuestionar la profesionalidad de los docentes-  es que en la vida: lo que queremos es comer, dormir y follar. Brillante y espectacular conclusión para una persona que ha consagrado su vida a la reflexión ética. Para eso no hacía falta tal recorrido. Platón y Mill ya sabían que el hombre sin ejercer su raciocinio era como un cerdo. Y eso lo saben los propios cerdos.

En síntesis, volvemos a soportar un fraude, que tendrá éxito entre los adolescentes, y ante el cual lo que repudio aquí es el uso manipulador y falsificador que se hace de la Filosofía. Ningún bien a nadie, ni a los ingenuos que caen en las redes de esa ficción, ni a la función y el respeto que debería tener la Filosofía como fundamento sustancial de la cultura occidental y que podría resultar incómoda si ella misma ejerciera el papel de desvelar los intereses  que se esconden en la era de la post-verdad, y se indignara al ser tratada como una vulgar tertulia de café entre neófitos.

La recomiendo para ver qué no es estudiar Filosofía, ni en sí misma la propia disciplina. Prescindible si se carece de los conocimientos suficientes para identificar las falacias y perversiones que aparecen.

Plural: 8 comentarios en “Merlín: Sapere Aude. El fraude continúa.”

  1. Lamento la experiencia.
    La filosofía es una asignatura fundamental; y, precisamente por eso, denostada y perseguida por todos los regímenes políticos, especialmente por los conservadores. La televisión, a través de informativos, películas y series, se encarga de manipular al pueblo.

    Le gusta a 1 persona

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