Los secretos, extraído de la novela “Existo, para vivir”

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Al final de la tarde había quedado con Ceci en el Limbo, uno de nuestros bares de copas preferidas, por su ambiente acogedor, tranquilo y esa música de jazz que convidaba siempre a una conversación algo nostálgica. Cierto es que el sitio lo propuso ella y que eso ya desvelaba algo sobre su estado de ánimo y el trajín de su semana, pero yo accedí complaciente, ya que tampoco deseaba más ritmo y algarabía del experimentado en el instituto, En estas circunstancias, ella siempre me inspiraba momentos de intimidad, en los que el componente erótico era accesorio, porque nada hay más vinculante que las confidencias entregadas sin más interés que el goce de la compañía ajena. Los secretos son aquello que se desvela inefable desde el momento en alguien te brinda su acceso.”

Ana de Lacalle. Existo, para vivir. Terra Ignota ediciones. Barcelona, 2020. Pg.27

Este breve fragmento de la novela, que presentaré el próximo sábado, pretende ser una muestra de la tonalidad, algo grisácea, de una ficción que amaga realismo a borbotones respecto de lo nuclear que aborda -lo cual, no obsta, para que lo poco verosímil tenga cabida, sabiendo que aquello que deviene posible o no muta aceleradamente con el tiempo-

Destacaría la idea de que un secreto es una confidencia de la que no podemos hablar, nos sentimos impotentes ante la inefabilidad de lo que se nos ha confiado, hasta el punto -y esto lo añado ahora- de que en ocasiones se convierte en olvido. Ni tan siquiera recordamos, a no ser que su poseedor principal lo recupere, tener conocimiento de tal asunto. Quizás porque la única manera de proteger un secreto es olvidar que hemos tenido acceso. Y esa fidelidad es una dádiva rara que no todos sabemos apreciar.

Si aquello que decimos en una conversación íntima con otro es ventilado y aireado, estamos violando ese recodo privado al que se nos ha invitado a pasar brevemente y, con este acto de humillación, a su vez, quebramos unos lazos urdidos a base de tiempo y dedicación que ya no podrán ser reparados. Y esto porque la confianza en la que se edifica la amistad es el cimiento sagrado que nunca puede ser vulnerado.

Para Aristóteles, la amistad, no es un aliciente más, entre otros, para una vida feliz, es “lo más necesario para la vida”, para una vida feliz. De ahí que “nadie querría vivir sin amigos, aun estando en posesión de todos los otros bienes”. Por otra parte, además de necesaria, la amistad “Constituye una virtud o, en todo caso, no puede darse sin virtud”. En síntesis, si por virtud entiende la excelencia del saber actuar, siempre manteniendo la prudencia de buscar el justo medio entre los excesos-que serían los vicios-, la amistad es la culminación de quien posee un êthos virtuoso, un hacer aprendido a base de realizar reiteradamente actos buenos. Puesto que el ser humano es un animal social, que naturalmente tiende a la convivencia con otros seres humanos, la amistad constituye la realización más plena de la sociabilidad y la forma más satisfactoria de convivencia y vida humana.

  • Ética a Nicómaco, Aristóteles
  • La concepción aristotélica de la amistad, artículo de Tomás Calvo

Plural: 3 comentarios en “Los secretos, extraído de la novela “Existo, para vivir””

  1. ¿Qué se busca al compartir esa confidencia?, Quizás buscamos un hombro amigo con el que aligerar la carga, una opinión autorizada de alguien que te quiere, el hacer saber al otro la importancia que le concedes o la búsqueda no reconocida para que ese mensaje llegue a otros oídos…quién sabe…un saludo!

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