SOFÍA VERSUS DISTOPIA (III)

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Cada grupo irreverente prosiguió con su quehacer; incluso los humeanos que se habían visto descabezados por la urgencia de esconder a su líder, entre mensajes transmitidos precavidamente, con celo y temor a la vez, intentaban ir minando sigilosamente la homogeneidad aniquilante de cada individuo, para que germinara la semilla de la duda. Eso ya podía constituir un triunfo en un cuerpo social tan hermético.

Transcurrida una semana tuvo lugar el encuentro acordado entre los dirigentes de cada grupo. El lugar idóneo pareció ser el jardín de Epicuro y allí se dieron cita, alrededor de una sobria mesa de madera, Hume, Nietzsche, Cioran y el anfitrión.

-E: Estimados compañeros, bienvenidos a mi refugio. La austeridad con la que os acojo responde a uno de nuestros principios básicos. Sé que alguno hubiera agradecido alguna botella de ron o wiski, pero aquí vivimos así. Tan solo que sepáis que no es una desconsideración hacia vosotros, sino una renuncia de mi comunidad en la que no disponemos más que de lo necesario. Espero que lo entendáis.

-Ningún problema –expresaron de diversas formas y casi al unísono los invitados-

-E: Bien dicho esto, querría enmarcar cómo se va a desarrollar este encuentro. Somos todos grupos minoritarios y divergentes con el sistema. Tenemos en común, precisamente, esa convicción de la imperiosa necesidad de impedir que el curso de los acontecimientos nos lleve a una sociedad cada vez más exacerbadamente racionalista. La cual, creyendo lograr la perfección, acabará destruyéndose como consecuencia de su propia dinámica interna. Nos une la discrepancia con el sistema y eso es lo que debemos preservar para diseñar qué estrategias conjuntas pueden ser más eficaces para ir agrietando ese armazón.

-N: me parece atinado tu planteamiento, pero mi imaginación se ve cuarteada cuando procuro fantasear cómo tu comunidad de individuos que renuncian al placer mundano puede acometer una empresa conjunta con nosotros. Es sabido que entre danzas, prácticas libres y ditirambos damos rienda suelta al disfrute, porque la vida es placer y dolor, y es innegociable renunciar a uno de los dos, si no queremos acabar ahogando la vida misma.

E: por supuesto, por eso lo que debemos consensuar es qué acciones conjuntas y cuáles por separado son convenientes para nuestro objetivo.

C: entiendo el planteamiento que hacéis, pero no creo que la ceguera social pueda ser menoscabada sin que llevemos a cada individuo a un cuestionamiento de su propia existencia, del sinsentido de esta. Lo cual me parece utópico y en absoluto factible. Tal vez los humanos se vieron condenados al hastío de existir sin alternativa, pero esta sociedad de Sofos padece el síndrome del sometimiento voluntario y no es azaroso, sino síntoma de un pragmatismo radical que pretender zafarse del abismo al que sucumbieron los humanos.

H: perdonad, tengo la impresión de que estamos dando rienda suelta precisamente a lo que nos separa. Eso no es eficaz ni nos llevará más allá de un desahogo complaciente. Propongo que formulemos acciones y estrategias concretas, con resultados deseables para todos. No concibo otra vía útil.

E: de acuerdo Hume. Procedamos a ello. No nos conviene alargar este encuentro más de lo justo y necesario. No por sobriedad, que nadie me someta a sospecha, sino porque somos un blanco fácil para dar un golpe contundente a la resistencia contra el sistema. Contra más dispersos estemos en el espacio, menos probable es que puedan asestarnos un toque certero.

Se me ocurre, a partir de la idea que propugnabas de dispersión, identificar lugares estratégicos en los que infiltrar a nuestros adeptos. Con el fin de que vayan estableciendo conexiones con la gente, se disuelvan entre ellos como uno más…y, hay que pensarlo más y mejor, pero podamos llegar a fijar una fecha en que, al unísono, se produzca una revuelta en cada uno de esos sitios mediante declaraciones públicas de oposición al sistema que, otros adeptos infiltrados vayan apoyando, con el fin de que aquellas personas que cada uno ha conseguido fidelizar emocionalmente –esa pasión que pretenden reprimir y que yace en todos- se vayan sumando a la sublevación, y ese día se convierta en un punto de inflexión emblemático a partir del cual los Sofos se vean urgidos a replantear la forma de vida.

C: Parece de película, me resuena a los obreros en la revolución industrial. No sé, …

H: Quizás no hay mucho más que inventar de lo que ya aconteció en la civilización humana.

N: debemos ser astutos como serpientes y desvelar los intereses ocultos del poder venerado. Disponemos de un desarrollo tecnológico que podemos arrebatar a los farsantes, a los que se apropian de la verdad como lo incuestionable. Nuestra revuelta debe planificarse utilizando esos medios privilegiados que, en nuestras manos, pueden revertir en el eco del desenmascaramiento, del azote a la impostación interesada de los supuestamente más fuertes.

C: como idea fantástica, como posibilidad requiere una concienciación firme de cada uno de los adeptos y eso me resulta casi inviable porque, por si no os apercibís, estamos presuponiendo en  los nuestros la homogeneidad contra la que luchamos. Seguimos siendo seres contradictorios, porque no hay pensamiento estructurado que no sea castrador –permitidme este freudismo-

H: Seamos más posibilistas, si Cioran me permite la expresión, y aunando las ideas propuestas por Epicuro y Nietzsche, empecemos a concretar formas de acción que nos lleven al objetivo común. Cada minuto que pasamos aquí juntos divagando constituye un riesgo innecesario. Deberíamos establecer un lenguaje cifrado para poder comunicarnos los distintos grupos y de esta forma coordinar las acciones, tras un período de tiempo que nos permita deslizarnos sigilosamente por enclaves estratégicos, para que nuestra revuelta sea un levantamiento sin parangón. Además, sería conveniente que aquellos que asuman la iniciativa en la fecha señalada seamos nosotros o, en su defecto, alguien de suma confianza para garantizar que los acontecimientos discurran por donde queramos y hayamos pactado.

E: De acuerdo contigo. Yo establecería dos puntos neurálgicos a reivindicar: el derecho a la libertad ideológica y la expresión de lo emocional y pasional. A partir de aquí elaboraría dos lemas que deberían repetirse insistentemente en los lugares en que realizaremos los gestos subversivos.

N: ¡Los tengo!, “Nosotros vivimos, nosotros decidimos” y “Vivir también es sentir”

H: Como eslóganes que muevan y conmuevan me parecen muy acertados ¿Qué decís vosotros?

C: No voy a disimular, ahora, mi poca confianza en alentar a la gente a una nueva falacia que vuelva a desembocar en un fracaso, porque ya conocéis mi postura. No obstante, coincido con la necesidad de devastar esta farsa de Sofos. Así que contad con mi apoyo.

E: Por mí adelante. Sabéis que no concibo más que la recuperación de la comunidad como forma social de vida. Puede ser un primer paso para propiciar la libertad de nuevas formas de asociación de los individuos.

Asentadas las bases de la pactada revuelta se disolvieron con celeridad para evitar cualquier sospecha. Acordaron que Nietzsche por su capacidad filológica y creativa gestaría ese lenguaje al que todos podrían acceder a través de la nube con una contraseña de acceso y determinarían el día y la hora del levantamiento; ajustándose a la repetición, en cada uno y todos los puntos de sublevación, de los lemas propuestos. Les pareció que supondría un mensaje claro y contundente a los Sofos.

Transcurridos unos meses y mediante el código cifrado que, basándose en la obra de Orwell “Rebelión en la granja”, ideó Nietzsche –recordemos que estos líderes subversivos no eran más que espectros revividos para liberar a esa civilización que se consideraba no humana, por lo que la cronología  histórica no tiene aquí ninguna relevancia- al haber observado un cierto paralelismo que se le antojó sugerente. Lo que no intuyó el rebelde lingüista era hasta qué punto iba a darse una semejanza –con sus peculiaridades- indeseable. Durante este tiempo los adeptos a la revolución –fuera desde la perspectiva que fuera, crearon vínculos con los sofos, entre los que se habían infiltrado para que, llegado el momento decisivo,  su adhesión emocional operara como un resorte incondicional de apoyo y solidaridad con el sublevado.

Plural: 3 comentarios en “SOFÍA VERSUS DISTOPIA (III)”

  1. Genial escenario; argumento y escenografía! Me resisto a pretender ver juntos a tantas luminarias y tan contradictorias juntas. Has estado maravillosa Ana; como siempre. Es un gusto leerte y comprobar que rodar, rodamos siempre en círculos….Un cálido saludo.

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