LA REVOLUCIÓN DE LAS HUMANIDADES

Un comentario

Esta reflexión fue escrita el 13 de setiembre de 2016. La traigo de nuevo porque puede ser suscrita hoy, con fervor y pasión. Es cierto que, si la reescribiera, hoy la perspectiva sería más amplia y seguramente más ajustada a lo que acontece. No obstante, me ha parecido muy sugerente constatar cómo la tendencia predominante y que dirige el devenir de las sociedades globalizadas se apuntaba ya hace años, más de los que refleja este escrito.

Ahora, que parece iniciarse el curso con cierto desánimo, debido a la incertidumbre en el plan de estudios a aplicar y a los métodos de aprendizaje, los cuales dependen más que nunca de decisiones políticas sometidas a intereses de las grandes multinacionales, y cada vez menos de criterios pedagógicos y de quienes tienen la experiencia y la responsabilidad directa de educar y enseñar -los profesores-, deseo focalizar la mirada en un fenómeno que siendo minoritario es esperanzador.

Existen jóvenes enamorados y casi abducidos por las letras, el arte, la filosofía, la historia, … que constituyen un grupúsculo marginal que se ha enfrentado con coraje, valentía y convicción a la sociedad que continuamente les advertía de la locura que iban a cometer. Se les advertía con seriedad rotunda que no encontrarían trabajo, teniendo en cuenta la inutilidad de sus estudios, serían unos parados perpetuos y vivirían debajo de un puente (haciendo algo de caricatura, no mucha) ¡Pero eh aquí! A los héroes hipermodernos, que conscientes de la gratuidad de su elección y habiéndose apercibido de que la vida no se la juegan en la frivolidad que el sistema les ofrece, arremeten contra la cordura y como mosqueteros audaces superan todos los obstáculos y toman sus posiciones. Desde las distintas atalayas indagan la existencia y el mundo, se reúnen con espontaneidad, dialogan, vibran con lo que descubren y reafirman la necesidad de ahondar por esos derroteros, poco concurridos. Están satisfechos porque crecen y maduran aprendiendo lo que le da un sentido a su quehacer cotidiano, aunque su percepción acabe siendo el sin sentido en algunos casos. Ante tiempos inciertos y convulsos no huyen como idealistas románticos, sino que se aferran a la inmediatez del ahora, conscientes de que la pasión y el fervor experimentados hoy puede nutrirse, pero no posponerse a un porvenir que quizás no venga.

Y, tras estos héroes de la decisión, hubo profesores que ilusionaron y estimularon esos espíritus que cedieron doblegados a la belleza de las llamadas humanidades, también familias. Pero creo que en este momento cabe recordar que algunos de esos alumnos fueron nuestros alumnos, y que sea como fuere, tal vez, si pusimos pasión y amor en nuestra manera de educar sus mentes, algo haya de nosotros en esa convicción que los sustenta.

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