TODOS SOMOS SÍSIFO

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Ayer durante la entrevista y presentación de mi última novela con Humberto Romano y Francisco Tomás González Cabañas, alguien de los presentes -no recuerdo quién- hizo referencia a Albert Camus y el Mito de Sísifo.

Me resultó muy sugerente en el contexto del diálogo y finalicé mi intervención con una frase popularizada y adaptada para la ocasión que rezaba “Todos somos Sísifo”.

Ciertamente, y esa es la riqueza de los diálogos entre unos y otros, con más o menos relevancia filosófica o literaria -probablemente según quién lo escuche-, intuí que la frasecilla tipo eslogan escondía mucha de la profundidad que Camus transmitió con su Mito. Si para él la cuestión relevante de la filosofía es “¿por qué no me suicido?”, o lo que es lo mismo, y que él reformula como “Si vale la pena vivir” nos queda el titánico reto de responder a esa cuestión crucial.

No hay una respuesta universal, creo que eso Camus lo tenía claro, sino sentidos forjados desde cada sujeto que tenga el coraje de poner entre paréntesis su monótona y cansina existencia para llenarse de nada o de algo. Y sea como fuere hallar su propia respuesta.

Lo que entiendo que no podemos eludir es la constatación fáctica de ese subir indefinidamente la ladera de la montaña, cargando y empujando una pesada roca, para que a punto de llegar a la cima se repela la densa masa y caigamos abajo del todo junto con ella, para volver a empezar. Sabiendo que ese fracaso es repetitivo. ¿O no es un fracaso?

Se me ocurre que es la constatación misma que anteriormente hiciese Nietzsche del nihilismo, aunque Camus fuese más pesimista. La existencia no se da por descontado, sino que hay que bregar para mantenerla; pero además hay que querer mantenerla. Aquí surge de nuevo la cuestión, desarrollada por los filósofos mencionados de formas diferentes: ¿Por qué voy a querer existir? Para Camús, aceptando que somos Sísifo y que tal vez logremos vivir en ese proceso continuo de empujar la piedra; diría además que si la hacemos más liviana -tal vez no hay que cargar con tanto en la existencia- la subida será más vívida y deseada, y la caída la asunción de lo que somos. Para Nietzsche esa fortaleza de masticar el vacío y el dolor a carcajadas porque hemos logrado coexistir sin que nos merme el querer vivir dionisiacamente.

Esta reflexión podría extenderse en un largo artículo argumentado con más consistencia y partiendo de las lecturas de los textos de Camus y Nietzsche; quizás algún día. De momento, la intuición de que la existencia podemos sostenerla y convertirla en algo que queremos por sí misma, queda apuntada para que protegidos del ruido atronador, busquemos el silencio que nos espejea a cada uno.

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