En la oscuridad de una buhardilla con el techo entelado de minuciosas telarañas, Idoia me inquiría insidiosamente por el motivo que nos mantenía allí. Ella era simplemente una niña con su cabello negro y su tez aceitunada, que se obstinaba en comprender una situación compleja de explicar sin correr el riesgo de dañarla irreversiblemente. Yo … Continuar leyendo LA TRANSFIGURACIÓN
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