Bob Dylan, desenmascara los premios Nobel

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Quizás a estas alturas Bob Dylan aún se pregunte si hay alguien en forma de escritor que se llame como él, porque ni el conjunto de las letras de sus canciones constituyen una obra poética merecedora del Nobel, ni su música ninguneada por ese enaltecimiento de la palabra, es un ornamento secundario en su obra.  Será que Bob Dylan es una artista, un músico con habilidades poéticas, capaz de componer al unísono piezas cuya música y letra son de una calidad memorable, pero un artificio esperpéntico su disociación.

Una noticia triste la que yace tras este premio que nada tiene que ver con el bueno de Bob. O dos quizás: una la muerte de la literatura, un fallecimiento simbólico que denota la dificultad de generaciones ultratecnificadas de dedicar con paciencia y sosiego, tiempo a la lectura. Su velocidad vital los incapacita para una tarea dilatada y la palabra debe revestirse de música para poder ser escuchada y ser transmitida; así podemos mantener otra actividad simultáneamente y no compromete nuestra concentración. No es tiempo para la literatura, ni en general para el desarrollo de actividades que exijan calma, soledad y tiempo de reflexión e interiorización, eso como ya sabemos entrañaría ciertos peligros para una sociedad que vive de la ligereza del no establecerse en ningún sentido.

La otra noticia es que las grandes industrias siguen mandando y comiéndose mercados que ni tan solo les pertenecen y parece que la de la música se ha comido con patatas a la industria editorial. Seguramente tenían más que ofrecer a la Academia sueca. Otro triunfo de la sociedad de consumo.

Por último, se ha ratificado algo que ya veníamos comprobando hace tiempo: los premios Nobeles han perdido categoría, prestigio y autoridad. Los últimos premios de la Paz han sido muy cuestionados. Este premio nobel de literatura creo que hará cuestionarse, a aquellos que sí lo merecían, qué reconocimiento supone el hecho de recibirlo, después de lo de este año. Si lo ha recibido Bob Dylan –sin nada que objetar a este como cantautor excepcional- ¿qué merito tendrá ya para Marías, Roth, Auster, Sanchez Ferlosio,…?

Propongo cambiar de Academia, u organizar como respuesta un premio alternativo que sea dictaminado por el conjunto de otras academias europeas, o que nadie recoja nunca más un premio Nobel para que dejen de darlos por razones extracadémicas. O proponer a Donald Trump para el nobel de la paz del año que viene –la idea es de mi hijo, tras la emoción del Nobel de literatura de Dylan-

Una vez más querido Bob, con tu silencio, sin tú quererlo o buscarlo, has hecho de espejo de las injusticias, de las corrupciones de una sociedad dominada por el capitalismo de consumo que no conoce más criterio que su propia expansión. Este ha sido tu reciente poema, dedicado a la Academia Sueca.

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