Categoría: Anagramas

El fracaso de lo humano

El humano es la quiebra de la arrogancia, como entes sometidos a ese mundo que anhelamos dominar, acabamos siendo carencia porque nada nos satisface. Desatendiendo a los propios límites, el fracaso nos atiza con un látigo de realismo para que nos reconozcamos nimios, insignificantes vivientes que bracean por no hundirse en la nada; esa que

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El tiempo en la pandemia

Transcurren los días en una continuidad indiscernible, uno tras otro, y otro, suponemos; porque la planicie del amanecer monocromático nos impide discriminar una jornada de otra, y casi el día de la noche. El acontecer se ha difuminado en nuestras existencias, y ya solo restan sucesos hilados consecutivamente sobre los que caminamos de puntillas, sigilosos

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Presencia versus ausencia

La presencia interiorizada del otro, el ausente, quizás se sienta como necesidad, falta o carencia. Mas si el estar en la mente se percibe como vacuidad ¿qué reparación de la pérdida se produce? Ninguna, tan solo una llaga vívida ante la que solo nos resta procurarnos el olvido del otro. Seguir existiendo como si nunca

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El fracaso de occidente: transhumanismo.

Originalmente publicado en FILOSOFIA DEL RECONOCIMIENTO:
El transhumanismo como doctrina que pretende disolver las divergencias entre lo natural y lo artificial, no es más que la manifestación de una voluntad de dominio sin fronteras, una excrecencia nihilista que habiendo perdido todo horizonte, encarna la versión más degradada de lo que Nietzsche consideró contrario a la…

Abundancia versus calidad

La abundancia no me pertenece, pero si la calidad de cuanto me envuelve y me constituye. Como una neblina casi imperceptible, aunque sentida, me hallo reflejada en miradas que me enaltecen, consienten y me conceden guiños entre condescendientes y preventivos. Siendo, soy lo que fui y lo que con ello voy haciendo; siempre auxiliada por

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La alborada de un ser fallido

Somos la alborada fracasada de nuestro querer. Vagamos tironeados entre lo que deseamos, nuestra pasión rabiosamente inmediata, y esa voluntad frágil que aspira a ser. ¿Por qué someternos a ese querer, a veces, tiránico con nuestra inercia al propio desahucio? No hay imperativo que nos obligue a tan alta aspiración más que nosotros mismos, a

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