Categoría: Anagramas

La paciencia de escribir

Si escribiendo una novela te tropiezas con  un escollo del que no puedes zafarte con maestría; es decir, generando una metáfora que dote de contenido simbólico lo narrado -más allá de la literalidad del texto-, permanece, regodéate en el transcurrir de un tiempo  que la vida necesita para que puedas ver y mirar esa sustancialidad

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TORTURA MENTAL

Hay batallas que se lidian en la mente bajo el inoportuno martilleo de una amalgama de ideas inconexas. La presión externa posee tal intensidad que nos mantenemos ateridos, casi inertes ante la posibilidad de una implosión que esparza nuestros sesos por doquier. Ante tal circunstancia, refugiarse en el lecho con Morfeo, auxiliados acaso por algún

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La “Fama” de un escritor

La escritura es la forma lingüística mediante la cual expresamos quimeras, angustias, desazones y una diversidad de inquietudes que rebuscan su plasmación estética; tal vez como una resolución catártica. Quien juzga a todo escritor que tiene la voluntad y el deseo de publicar como individuos narcisistas y egocéntricos que solo buscan la fama, ignora absolutamente

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Evasión o realismo

Se escabullen musitando entre los labios sujetos, verbos y  complementos; todos ellos conformando hiperbólicas metáforas que tienden a enervar las emociones, la motivación y las creencias más estimulantes. Así, leer equivale, en este contexto, a edificar mentalmente un mundo deseable. Opera, de hecho, como un lenitivo que permite simular que ciertamente “vivimos”. No obstante, esta

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El “sistema”

Inhibiéndonos del mundo, podemos deslizarnos como culebras entre los resquicios de su lentitud, para advertir la ubicación subrepticia que se nos muestra como propia, tras el fracaso reiterado de transitar por un hábitat del que no podemos apropiarnos, pero que nos engulle y deglute como a insectos insignificantes hasta someternos o aniquilarnos. Carecemos de la

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Desbocados

Desbocados por el ansia de obtener un reconocimiento acaso tardío, podemos actuar por actuar. Es decir, realizarnos continuamente en algo objetivable que nos desconecte de nuestra interioridad. La ventaja obvia  es que nuestra identidad se reduce a lo que hacemos, velando la incapacidad de demarcar quién somos. No obstante, como curiosidad, la etimología del verbo

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