Me percibo, en ocasiones, en las antípodas de todo. Una totalidad múltiple y dispar, sin unidad aparente que facilite en alguna medida su comprensión; al contrario, esa cantidad de cosas sin conexión y cuya cualidad es la acumulación, por ende, carentes de cualidad diferenciadora aboca a una alienación de cuanto hay en el mundo que
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por Ana de Lacalle en Anagramas on 25 octubre, 2018 Recupero este post de hace tres años, tal cual salió publicado. Hoy, quizás, somos cada uno más de dos, o tantos que nada somos en definitiva…. Hay humanos con una capacidad muy agudizada para el fingimiento, la doblez, y ser antagónicamente uno, aunque parezca una imposibilidad. De esta manera desarrollan
Aquel que mendiga el reconocimiento ajeno, se vio privado de la satisfacción de los afectos más primarios y, aquejado de ninguneo, repta sutil y sigilosamente para que la mirada del otro le espejee quién es. El riesgo es que, en esta situación tan perentoria, cualquier otro puede parecer digno de admiración y convertirse en un
Un hueco, que no es tal porque nada contiene y en consecuencia está falto de oquedad, anida persistentemente en mí. No soy más que la experiencia emocional acumulada, carente de pensamiento elaborado, nutrida mi memoria de lo que preservé, lo que aprendí y asimilé de los otros. Me envuelve una ausencia de asideros, como si
Desovillando amasijos de emociones, desnaturalizadas y mutadas, nos rebuscamos sin lograrlo; quizás porque tras estas nos guarecemos, inconscientemente, para no hallarnos jamás, urdiendo la legitimidad de nuestra confusión identitaria y nuestro oculto deseo de no vernos jamás.
IMAGEN EXTRAÍDA DE: https://www.homohominisacrares.net/filosofia/frases-celebres-y-filosoficas.php La línea recta, ondulada o en bucle del tiempo es esa metáfora imprescindible sin la que no poseemos identidad. Constituye una imagen difusa en nuestro interior, en cuanto no podemos pensarlo en sí mismo más que como abstracción, que se va moldeando con en el transcurso de nuestra existencia —fijémonos que
Leyendo “La pianista” de la escritora galardonada con el Nobel, Elfriede Jelinek, descubro una escritora con una peculiaridad indiscutible: un aparente laconismo mediante el cual recrea un clima, unos sucesos casi carentes de acontecer, que te sumergen en un contexto en el que abunda la rigidez, la ortodoxia y por tanto la asfixia vital de
Quien se fortifica deviene un individuo centrifugado en su ego y, probablemente, muy selectivo en el trato social. De entrada podríamos pensar que esta posición es una repulsión narcisista, que enalteciéndose a sí mismo desprecia lo otro. Pero, quizás erraríamos sin apercibirnos de que el narcisista precisa del reconocimiento ajeno para sustanciarse, motivo por el
Desbocados por el ansia de obtener un reconocimiento acaso tardío, podemos actuar por actuar. Es decir, realizarnos continuamente en algo objetivable que nos desconecte de nuestra interioridad. La ventaja obvia es que nuestra identidad se reduce a lo que hacemos, velando la incapacidad de demarcar quién somos. No obstante, como curiosidad, la etimología del verbo
Desposeídos de identidad -o tal vez jamás tuvimos sustancia alguna más que los ecos de espejismos anhelados- danzamos desnortados en un festejo dionisiaco que antes que búsqueda, deviene fuga. Somos aquellos que, sin poder decir nada sobre sí mismos, inventamos un lenguaje simbólico para crearnos y crear todo lo que necesitamos y de lo que