La determinación que, a menudo, expresamos no se ajusta siempre con lo que, tras esas prolijas manifestaciones, hacemos. Esta dislocación debe ser entendida como una incapacidad compleja para actuar como desearíamos inmersos en los diversos contextos. De lo contrario, emerge la culpa como una sigilosa serpiente que nos acaba mordisqueando con ahínco. La incapacidad compleja
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Aquel que deambula por su existencia sometido al deseo de los otros, o, en otros términos, sintiéndose obligado a atender a las necesidades ajenas, acaba descuidando su propio deseo y viviendo una vida que no le es propia. Tras ese periplo es difícil cambiar la manera de estar con los otros, ya que estos convierten
Escrito en el año 2017, sigue teniendo vigencia en cuanto destaca la importancia del deseo para querer vivir. Os invito a leerlo
El deseo y el deber no siempre han estado en sintonía, antes bien, diría que su relación, tan antigua como la conciencia humana, ha sido tensa, contraria y en cada disputa siempre ha habido un triunfador, o se actúa por deseo o por deber, la confluencia plena es un desiderátum. El deseo es el cuerpo
Deseamos por carencia, no de tener, sino de ser. El motor de la existencia es el deseo, si este aspirase a tener posiblemente su fuerza se debilitaría hasta desaparece. De ahí que, siendo la falta de ser lo que nos mueve, lo que deseamos, la existencia queda garantizada por la imposibilidad de completar esa carencia.
La perplejidad, el desaire pueden dejarnos aparentemente impertérritos, posiblemente por la incapacidad de reaccionar ante lo inesperado. Mostramos un semblante hierático, casi indiferente para no mostrar el aguijón que hemos sentido agudamente punzante. Y seguimos. Como si nada hubiese pasado. Evitando que se perciba nuestro malestar, nuestra decepción. ¿Para qué? El interrogante anterior puede
Ya no deseo la muerte. Se disipó ese impulso «tanático» que ha sido mi más fiel compañía, esa que me llevaba paradójicamente a no matarme, por saber que podía hacerlo -como decía Cioran-. Hay quien dice que el deseo nunca se extingue, sino que cambia de objeto. Personalmente, dudo que el deseo de morir no
Ayer, escuché a un psicoanalista que, entre otras cuestiones, hablaba sobre la conexión entre la necesidad y la demanda. Con un trasfondo que combinaba las aportaciones de Freud y Lacan – ¡No temáis! no es necesario conocer sus teorías para seguir esta reflexión-, explicaba que la necesidad surge del sujeto desamparado, inerme que necesita del
Sobre si se puede vivir haciendo lo que a uno le venga en gana, habría bastantes cuestiones a tener en cuenta y matizar. En primer lugar, la perspectiva varía si nos referimos a un sujeto individual o si el sujeto es un Estado. El individuo tiene deseos, apetencias que puede satisfacer siempre y cuando las









