La resistencia no es la actitud de quien pasivamente recibe las imposiciones e imperativos del poder político y económico, sino la de quien activamente intenta, siempre alerta, desembarazarse de ese poder todoterreno que desea nuestra claudicación y sometimiento. El sujeto que resiste muestra su renuencia a conformarse y someterse a las formas de vida y
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La corrupción política no es un tema menor en Democracia; al igual que no lo es que pueda hacerse uso del poder judicial como arma política. Ambas lacras están presentes en muchas democracias, el Estado Español es un ejemplo -al margen del partido que gobierne, que en este caso siempre ha sido PSOE o PP-.
Hay circunstancias a lo largo de la existencia en las que uno se siente impotente, por ninguneado, como si fuese trasparente en medio de una serie de opacidades contundentes. En esa contingencia uno se minimiza estando, si cabe, en la absoluta contingencia. Tal y como hoy hay un florido jarrón encima de la mesa, o
El aleteo de la escritura se vuelve, con el tiempo, fluido, emancipador y fuente de liviandad. Esclavos de las expectativas e imposturas sociales podíamos -e incluso nuestra misma exigencia de ser válidos- desnortarnos con facilidad de qué razones movieron nuestro gesto escritural desde el principio, por qué y para qué o quién escribíamos, y escribimos.
La impotencia no es la cualidad de los débiles sino la misma condición humana. Quien no delinea los límites de su poder no asume, tampoco, el horizonte de su posibilidad de decidir y hacer. Es, algo así, como si observáramos el hilo que, casi invisible a la vista, nos permite constatar los dos aspectos de
Aproximarse a una noción de lo humano exige no menospreciar, ni minimizar nuestro ser biológico, sometido en la evolución, desde los inicios, a las mismas leyes de la naturaleza que el resto de los seres vivos. En este sentido, nuestra biología importa, a pesar de que la evolución de nuestro cerebro -biología- nos haya proporcionado
Habitamos el mundo, o así lo queremos, de espaldas al viento, aferrados a un mástil oscilante. Mitigamos su fuerza con requiebros y amarres cuya condición es no amarrar. Y, así, a contracorriente, con la melena siempre tapándonos el rostro, deseamos escenificar nuestro desacuerdo, malestar y actitud desafiante. Sin embargo, ¿cómo eludir la presión que se









