El ser humano es carencia, es decir, deseo insatisfecho. Su condición es anhelar; es más, hacerlo erróneamente a menudo. Si no puede aceptar su finitud, tampoco puede asumir sus límites y, por ende, desea lo que no le satisfará, aunque lo consiga. Su voluntad es ciega, desea porque si no, dejaría de ser, sin embargo,
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Persistimos, hasta el patetismo, en la búsqueda de la piedra filosofal, con la convicción de nuestra capacidad de realizar el Opus Magnum que desembocaría en una transmutación espiritual del individuo, gozando al fin del elixir de la vida, y por ende de la felicidad. El origen de esta práctica alquímica tiene al menos 2.500 años, esparcida por diferentes
[1] 9 Cioran, E. Del inconveniente de haber nacido. Ed. Taurus. 10 Cioran, E. Conversaciones. Ed. Fábula Tusquets
Ya no deseo la muerte. Se disipó ese impulso «tanático» que ha sido mi más fiel compañía, esa que me llevaba paradójicamente a no matarme, por saber que podía hacerlo -como decía Cioran-. Hay quien dice que el deseo nunca se extingue, sino que cambia de objeto. Personalmente, dudo que el deseo de morir no
“Toda la vida es un gran sinsentido. Y cuando uno se ha esforzado e investigado durante ochenta años, ha de admitir que se ha esforzado e investigado para nada. ¡Si al menos supiésemos para qué estamos en este mundo! Pero todo es y será enigmático para el pensador, y la felicidad más grande es haber
Un ruido distinto que atrae mi atención. Algo serpentea por la tierra como si dijera: “Vengo, pero no vengo” y, súbitamente Totó se presenta ante mí revoloteando el rabo y haciendo amagos de venir e irse. Qué nimiedad, ¿no? Pues, no. Siento como asciende el calor por todo mi cuerpo explotando de alegría porque Totó
El lugar propio es la forma concreta de habitar el mundo, simbólicamente, cuya plasticidad y flexibilidad es imprescindible para que no se rompan las costuras del espacio. Durante la adolescencia y la juventud, buscamos ese lugar hasta que lo hallamos y su vigencia es tan relativa como su sustancialidad. Somos individuos en tránsito que interrelacionados
Sobre por qué la Filosofía nos conduce permanentemente al límite, querría añadir alguna reflexión. La inquietud existencial de estar, sin saber el porqué, de desconocer qué hacer con la existencia, de sentir la carga de un muerto entre los brazos y paralizada no entender qué hacemos aquí, ni por qué, ni para qué, son motivos
Había recorrido muchos senderos, algunos extremadamente fangosos. Las piernas, el cuerpo entero se le había quedado pesado, dolorido, con las articulaciones secas incapaces de articular órgano alguno. Tanto anduvo que creía haber agotado todos los lugares posibles. Tan solo poseía conciencia del cansancio, que intentaba combatir con una voluntad que ya tampoco era tan férrea.









