Solo estamos de duelo por alguien de quien podemos decirnos Yo era su falta. Estamos de duelo por personas a quienes hemos tratado bien o mal y respecto a quienes no sabíamos que cumplíamos la función de estar en su falta. Pero aquí, debido al carácter irreductible del desconocimiento de la falta, tal desconocimiento simplemente
La tierra no es suelo firme si notamos que se distancia de nuestros pies, algo así como el terror que sentimos ante el vértigo de la incertidumbre en estos tiempos. Una inquietud que nos lleva a temer que estemos orientándonos a un caos exterminador, y nos fuerza a aferrarnos a lo que intuimos que quedará
La necesidad de escuelas públicas que garanticen el derecho a una educación universal no es discutible. O sí, para algunos. En cualquier caso, partiré de esta premisa como un servicio de toda sociedad debería proporcionar a la ciudadanía. Lo que sí está sujeto a discusión, u ojalá a diálogo, es en qué condiciones puede cumplir
Si el desasosiego y la inquietud nos alteran el pulso, es que algo se ha desajustado en nuestro interior. Hay personas muy epidérmicas, es decir con una sensibilidad muy fina que perciben y se ven afectadas por lo que otros considerarían nimiedades. Otras parecen poseer piel de serpiente, árida, gruesa y difícil de traspasar. Sea
El buen hacer consiste en hacerse responsable de los compromisos adquiridos -con uno mismo o los otros- de la mejor manera que uno sabe. A quien hace todo lo que puede no es de recibo exigirle más. Lo problemático del asunto se evidencia cuando hay un aparente buen hacer, pero que no es real. En
Volver a Cioran es escudarse tras esas palabras ajenas que exponen sin pudor lo más siniestro de cada uno y de todos. Quien lo ha leído siente cíclicamente esa necesidad, tal vez, porque, saturado de negritud, Cioran es la única salida posible que puede sostener la podredumbre humana y no caer en la desolación absoluta.
Este breve fragmento, escrito hace casi ocho años, me ha resonado como una ilustración muy afinada de nuestros días. Os invito a leerla.
Escribimos, muchos de los que lo hacemos, porque algo nos bulle en el interior y necesitamos lanzarlo al mundo. Algunos dicen que es terapéutico, aunque a mi entender puede serlo si quien ejerce de escritor ha estado realizando o está en terapia. Si no es el caso, el escupir palabra tras palabra, puede ser un
Leyendo a Cioran, me detuve en un párrafo que me pareció excepcional por la frase con la que finaliza: “Cuando adolescente, la perspectiva de la muerte me sumía en trances; para escapar de él, me precipitaba al burdel donde invocaba a los ángeles. Pero, con la edad, uno se acostumbra a sus propios terrores, no









