El infinito de un instante

Etiquetas

No sé cuántas noches se han interpuesto entre esas pláticas reconfortantes unas, interpelantes otras y de desencuentros dañinos algunas. Me siento incapaz de un recuento objetivo, porque deviene banal siendo lo significativo el marcador interno, y ahí solo computo el infinito de cada instante.

Así, sea cual fuere el día que precedió a la noche tú ya estabas indefinidamente ausente.

Violencia social

Etiquetas

, , , , ,

Tras las diferentes formas de violencia especialmente virulenta que se ejerce en nuestra sociedad, se hallan otras formas menores que sirven de resorte para catapultarse. Pero lo más preocupante, a mi juicio, es que se está desvelando un problema de salud mental, que constituye ya un problema social, serio en cuanto al desequilibrio y a la diáspora del fenómeno que desmiembra poco a poco los ejes básicos de la sociedad: familia, escuela y trabajo –violencia familiar, acoso escolar, acoso laboral-

Lo cierto es que estamos en un momento de cambio en las tres instituciones, y toda crisis provoca conflictos. Pero no creo que debamos admitir que este tránsito de lo que han constituido hasta ahora la familia, la escuela y el trabajo hacia nuevos horizontes deba gestarse a base de víctimas que son el resultado de una ira irracional y no ideológica, sino impulsiva y entiendo muy a menudo psicótica.

En este sentido vinculo el estado mental y el desequilibrio que yace detrás de esta violencia sin parangón. Últimamente se han dado más casos, por ejemplo, en que el padre arrasa con la vida de la madre y los hijos e intenta suicidarse. Este hecho creo que supera el discurso de si hablamos de violencia de género o de familia. Creo que hablamos de una acción patológica en la que el sujeto pierde el control de su agresividad por las causas médicas que sean.

Entiendo por tanto, que la forma de vida a la que nos hemos sometido atenta contra la salud mental directamente, y que una de sus consecuencias es esta violencia desmedida ante la cual nosotros mismos nos quedamos sin palabras.

El precio de morir

Etiquetas

, , ,

Ante la muerte, tropezamos con un escollo prosaico y mundano que consiste en cómo sufragar económicamente el entierro.  Los que de ello se preocupan –algunos proceden pensando que ya no será su problema- sabemos que tienen la opción de contratar un seguro funerario –junto al plan de pensiones, el seguro de vida, los seguros del hogar y del coche,…- o bien esperar el momento y dejar la cantidad pertinente para que se proceda al pago.

Por un lado, sobrecoge la idea de vivir en una sociedad que te obliga a pagar hasta para morir con cierta dignidad, porque la alternativa es morir como un animal callejero, casi sin que la muerte sea un acontecimiento, sino un babeo espumoso de un animalucho que se deshecha en un conteiner. Desgraciadamente no hay Leviatán más cruel que aquel que retuerce en vida a sus súbditos hasta hacerlos vomitar la muerte sino les corresponde.

Mientras crea una red  de protección costosa, a base de pólizas “por si”, generando un estado de miedo y precaución que embota al individuo ante posibles  desgracias, sin apercibirse que la mayor amenaza y la única póliza preventiva que necesita es contra la deshumanización y explotación al que le somete el sistema.

Solo querríamos morirnos en la intimidad, para intentar despedirnos en paz.

 

 

Indigencias

Etiquetas

, , ,

El término indigente, etimológicamente, hace referencia al individuo que carece de medios para subsistir-no dispone de empleo, ni casa, ni dinero para cubrir necesidades básicas-En este sentido formaría parte de las bolsas de pobreza ,que aumentan, en los países desarrollados donde se aplican políticas cada vez más nítidamente neoliberales.

El origen de la indigencia es hoy diverso. Ya no procede exclusivamente de familias pobres generacionalmente, sino que en muchos casos su origen son familias procedentes de cualquier otra clase social –agudizado tras la crisis económica – Este fenómeno añade unos rasgos nuevos a la actitud con la que muchos afrontan la indigencia.

Hay quien después de luchar se siente humillado y casi negándoselo a sí mismo acaba  viviendo como un indigente; hay quien se siente cansado de luchar en una carrera sin fondo, donde ya ha perdido la esperanza de poder llegar. Estos últimos individuos,  azotados por una sociedad muy competitiva,  tal vez formados y con estudios, se sienten viviendo una vida que no les pertenece, luchando una batalla en la que tienen que dejar de ser ellos mismos para adecuarse a un sistema que los ha escupido, y que no acaba de aceptarlos.

Hay indigentes que por convicción exponen su indigencia públicamente, con la voluntad de mostrar el sin sentido de la sociedad en que vivimos. “Me habéis excluido, pero tal vez no sea yo quien no sepa vivir; por el contrario, soy  incapaz de vivir esa sombra de vida en la que vais tropezando unos con otros sin, ni tan siquiera,  pararos a charlar”.

Hay indigencias que son huelgas de vida indefinidas.

Para mi amigo, que de mayor quiere ser indigente, ahora está ocupado.

Nacientes

Etiquetas

, , ,

Nacer no es propiamente una acción. Es la resultante de un proceso de expulsión que se desencadena en el útero materno, para resolver una situación naturalmente insostenible. Un cuerpo no puede por más tiempo dar cobijo vegetativo a otro que ha aumentado sus dimensiones. Aquí aprehendemos más nítidamente ese postulado sartriano que reza: el hombre es un ser arrojado al mundo, descripción ciertamente atinada.  El que nace, no nace, lo nacen. En esta tesitura tropieza, como ya precisara cínicamente Cioran, con los inconvenientes de haber nacido.

Poseemos una existencia, durante un tiempo indeterminado, con la que algo deberíamos hacer, y un hacer con sentido, si no queremos vernos abocados de puntillas al borde del abismo.

Menudencias, inconvenientes de existentes sin experiencia. Pero  que, como no puede darse el caso, no pidieron   ni ser engendrados, ni nacer y en el sentido más pesimista se encuentran la condena de Sísifo, cargando en su espalda la piedra de la vida por una escarpada ladera de montaña, para que a punto de culminar la cima y ver la extensión del paisaje, la piedra caiga y deban recomenzar. Y  Camus nos brinde el mito para preguntarnos ¿tiene sentido vivir? Y los nacientes inexpertos le contesten, gracias a Cioran, no te agobies son menudencias de que te hayan nacido.

Siempre nos quedará el consuelo de que quien se aburre es porque quiere.