Educándonos

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La relación educativa significativa es aquélla que transforma al alumno  y conmueve al  educador,  es decir, la que no deja indiferente ni a uno, ni al otro. Al profesor,  porque cuando uno pone en juego lo mejor de sí mismo, está ofreciendo todo lo que sabe, y ese saber, no es en absoluto el resultado exclusivo del academicismo, sino la encarnación de su vivir inteligible. Cierto es que  la convivencia diaria  nos muestra sencillamente como somos,  y no siempre aflora  nuestra virtud. Pero cuando incluso esa mediocridad que arrastramos irrumpe en el aula y somos los primeros en lamentarnos, el ejercicio de pedir perdón, disculparse y reconocer el mal involuntario que se ha podido infligir, es un acto de humildad que no daña el proceso educativo.  Reconocer las propias limitaciones estimula la honestidad y la asunción de los errores como un acto de normalidad en los alumnos.

En consecuencia, lo que educa tiene que ver con lo auténtico que emana de nuestro interior y no halla resistencia alguna en el otro, porque al fin y al cabo la sopa de ajo es más vieja que las TIC.

 

Referéndum o referéndum -sí o sí-

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Si la mayoría de un parlamento se propone convoca run referéndum cuyo resultado da por descontado y lo considera un trámite formal democrático, ¿no está excluyendo a todos aquellos ciudadanos que deseen votar con un No en el referéndum y situándolos como unos desarraigados y traidores del pueblo? Recuerdo otros referéndums para conocer la voluntad del pueblo en relación a la independencia de un país, que si algo provocaba era incertidumbre respecto del resultado. En el caso del gobierno encabezado por Puigdemon, ya me perdonarán pero sus palabras inducen a pensar que no hay otra opción de voto que no sea Si, y eso tiene resonancias muy poco deseables. Con el hecho de realizar un referéndum que clarifique el panorama social y ciudadano en relación a la independencia hay mucha gente de acuerdo. En que el resultado sea Si, ya veremos. ¿Qué pasará entonces con todas esas estructuras de estado que están poniendo en marcha sin la ratificación, de facto de la mayoría del pueblo catalán? ¿O tienen ya pensado cómo engañarnos a todos para que sin votar afirmativamente lo estemos haciendo?

Gregarismoy obediencia

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Las estrategias de dominación por parte de la  autoridad vigente, junto con la tendencia al gregarismo inscrita en la naturaleza humana pueden justificar el sometimiento voluntario de la mayoría de individuos a determinadas formes de vida y prácticas sociales.

Existe una voluntad en los sujetos de diluirse en el colectivo, de no ser diferente, de no ser avistado por su singularidad, convencidos tal vez que su estado gregario les aporta una serie de beneficios insustituibles: protección, identidad, pautas marcadas de lo que hacer y de lo que no hacer, ahorro en el esfuerzo de pensar ya que otros piensas y ellos obedecen. Es un miedo a ser ellos mismos, a la libertad, a su ejercicio –como ya analizó Eric Fromm- El individuo capaz de afrontar su libertad, asume su diferencia, su unicidad y el riesgo de marginalidad que implica desplazarse del comportamiento gregario.

Esta dinámica de dominación de masas tiene distintas vertientes. Puede estar al servicio, como sería el caso hoy en las sociedades occidentales, del capitalismo de consumo y hacernos partícipes indirectos del esclavismo del SXXI; saberlo nosotros y obviarlo como fieles colaboradores que no sienten culpabilidad porque esa no es su función, o como en el pasado reciente ser utilizado por totalitarismos políticos.

El uso consumista es más sutil, estético e indirecto por ello más soportable. El uso político  totalitarista más crudo, por lo que puede inyectar más culpabilidad a los individuos obedientes. Sin embargo, en contra de los que nos sometemos hoy al mandato del capital, y de las democracias habría que argumentar que tenemos más conocimiento de lo que ha ocurrido y ocurre en el mundo. Nuestro acto de negación implica un esfuerzo de conciencia mayor que el de los alemanes que se unieron a los nazis. Creemos que nos salva que no hay oficialmente campos de exterminio con crematorios. Sí, ya decía antes que somos más refinados y estéticos pero no menos devastadores.

El gregarismo es el pavor a ser la víctima y no el verdugo, quizás es un juego tan simple como esto.

Hastío

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“El hastío es un vértigo, pero un vértigo tranquilo, monótono; es la revelación de la insignificancia universal, es la certidumbre llevada hasta el estupor o hasta la suprema clarividencia de que no se puede, de que no se debe hacer nada en este mundo ni en el otro, que no existe ningún mundo que pueda convenirnos y satisfacernos”.

Conversaciones con Cioran. F.Savater

¿Qué es el vacío?

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Quien habiéndose reconocido a sí mismo y a la alteridad como entes en dialéctica continua y reactualizada, no ceja en su actitud de búsqueda. Así se da la posibilidad de que se pregunte por lo no-ente, lo que está más allá de lo existente, de lo determinado. La cuestión es si hay algo que subyace a lo dado y contrastado que podamos reconocer. Dicho en otras palabras, sería la pregunta por lo nouménico kantiano, por lo eidético platónico o incluso por la sustancia aristotélica. Es sabido que tanto Platón como Kant acabaron desestimando lo existente o fenoménico como lo real, para otorga ese estatus a aquello que identificado únicamente por la razón daba cuenta de los entes. No fue el caso del estagirita que sostuvo la convicción de que lo real es el ente concreto, que contiene en si la esencia que le hace ser lo que es. Estando más próxima esta visión de la filosofía del reconocimiento no excluye que, de la misma manera que Aristóteles buscó las causas que explicaban el ser de las cosas, identificando la causa primera con Dios –volvemos pues a un cosmos metafísico- nosotros nos cuestionemos sobre la posibilidad de que, si lo que es tiene necesariamente límites, ¿hay algo no determinado más allá de los límites? ¿Un no-ser que sea sin determinación? ¿Una nada o vacío? ¿Podemos estar envueltos de vacuidad y ser un absurdo que empieza y acaba en sí mismo?

Estas cuestiones son añejas, planteadas como mínimo por existencialistas, nihilistas. Lo que nos interesa es ¿qué nos encontramos al tomar conciencia del vacío? Muchos han creído que la nada, el sin sentido, la vacuidad absoluta a partir de la cual la tarea de vivir se presentaba como una angustiosa agonía. Otros, que permitía la superación del hombre débil, necesitado de un sentido externo, para dejar paso al superhombre capaz de dotar de valor todo aquello que favorece la vida en sí misma. Este posthombre camina por las aguas del vacío riéndose de él, porque se erige como el nuevo dios y el nuevo juez que asume la creación de nuevos valores. El vacío hace referencia a la vieja cultura occidental, la cultura del superhombre es plenitud.

Aquí nos proponemos mirar el asunto desde una perspectiva algo distinta. Cuando el sujeto indagando más allá de lo reconocido –lo existente- cree no hallar razonablemente nada que pueda ser sostenido -sin un ataque de necesidad metafísica- y se topa frontalmente con nada, puede entregarse a la angustia durante un tiempo, pero la rutina de convivir con esa nada, ese vacío, acaba sustancializándola, es decir dándole cuerpo lingüístico como sujeto de algo que somos capaces de predicar. Nuestra conciencia llena el vacío. Ese abismo que en un principio solo era causa de angustia –como entendería Heidegger- se transforma en un “algo” sobre el que vale la pena pensar, ya que su valor terrorífico  proviene del sujeto que lo ha avistado. Podríamos pensar al igual que los que han encontrado posibles respuestas metafísicas al problema de la realidad, que el vacío o la nada no son más que aquello que se nos niega por falta de capacidad. Diríamos que de la misma manera que nuestra capacidad cognitiva está condicionada y limitada a la hora de conocer el mundo, asimismo lo está para conocer eso que llamamos nada o vacío por ignorancia.

Así, el vacío es un ámbito desconocido que podemos considerar lleno de interrogantes y del que quizás podemos desplazar la angustia y esa imagen del abismo que nos sitúa al borde de un trágico final. Si no puedo decir con certeza la realidad es A, tampoco puedo afirmar con certeza el vacío –que no deja de ser otra metáfora metafísica- es no-A.

Dicho esto, la nada adquiere como mínimo una categoría de referente lingüístico de “un algo” cuya naturaleza está vinculada tal vez al problema de la realidad.

El exceso de realidad

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La realidad[1] se muestra, a veces, excesiva. Como una tragedia descarnada que se hace insoportable, para quien posee una naturaleza escasamente dotada para soportar tanto desgarramiento. Por eso, la imaginación como amiga temerosa nos previene de lo más terrorífico, como por ejemplo que “sea nuestra madre la loca que va por los pasillos blancos con la cara desencajada de tristeza”. Esta amenazadora idea simboliza lo que de ninguna manera nos vemos capaces de sostener, casi ni de pensar por superlativamente excesivo, híper-real.

Parece que entre la imaginación y la conciencia se establezca una cooperación destinada a mantener la capacidad mental de asimilar lo que la realidad pueda brindarnos. Esta metabolización tiene límites que se inscriben justo donde lo real va mostrándose como exageradamente excesivo.

Hay otro tipo de exceso en lo real que hace referencia al desvelamiento que se va produciendo de la verdad en la medida en que alguien supera los límites de lo conocido y accede a un ámbito menos transitado. Esta verdad puede tener contenidos variados: el descubrimiento de la nada ulterior, por tanto de la carencia de sentido de la existencia, o por otro lado la identificación de alguna realidad plena que dé cuenta del mundo en el que vivimos, entre otras posibilidades. Sea como fuere, este tipo de experiencia ultrasensible implica también un exceso de realidad en relación al sujeto por cuanto dar con “la piedra filosofal” debe como mínimo producir fulgores platónicos en la vista por exceso de luz.

No obstante, los excesos suelen ser del primer tipo, ese que nos entrecorta la respiración, el habla y nos atemoriza no solo por lo que acontece si no por lo que puede acontecer.

[1] Uso aquí el termino en su sentido ordinario como sinónimo de existència.

Virtualidad democrática

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La democracia es el gran teatro de la política que se atasca procedimentalmente cuando alguien cree que el asunto va en serio. Mientras funciona como el juego político que los ciudadanos observan esperando su turno, se torna una representación casi verídica. Pero en el momento en el que interfieren sujetos descontextualizados que presuponen estar participando de una democracia real, el sistema se deteriora fruto de aspiraciones anacrónicas que no saben que el juego es la forma de vida actual.