Reanudamos en setiembre

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Como mencionaba ayer, disfrutaré del privilegio, por necesidad tal vez, de unas largas vacaciones hasta setiembre. Todos necesitamos de un período de silencio público, en el que nuestras elucubraciones se despachen en la intimidad. Y, sobre todo de lectura sosegada, al desprendernos de otros compromisos autoimpuestos. Así me despido con una reflexión escrita hace tres años sobre el cansancio. Fructífero verano a todos.

“Se puede malograr la vida con el sugestivo aleteo de una bien ornamentada mariposa, que despierte interés, popularidad entre los suyos, seguidores en las redes sociales y un Instagram lleno de “selfie’s” con admiradores fugaces. Pero, ¡qué lástima! No vivir  la trágica profundidad de los acontecimientos que van desvelando lo poco certero que tenemos. Así, como Handke, podremos llegar al cansancio de los que han masticado la vida, ¡tanto!, que nadie desea descansar para abandonar su estado, sino para disfrutar de lo logrado.”

(Publicado 21-3-2014 nomecreocasinada-sobre la vida misma)

“Nomecreocasinada”: un blog para morir conscientes

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Acabo de apercibirme, por uno de esos mensajes “nomeolvides” de Facebook, que hace seis años que inicié decidida e indignada mi periplo bloguero por la red. Ciertamente me rondaba la idea como una nebulosa que no adquiría nitidez, y fue la chispa del 15M la que me empujó a escribir diariamente y no parar. Nada queda de aquel movimiento ciudadano colectivo, diverso y espontáneo; de las palabras escritas por Stéphane Hessel que apoyaron e inspiraron unas protestas contra el sistema de vida neocapitalista global que tiende a aumentar la pobreza y a concentrar la riqueza en una minoría. Fue una forma inmejorable de iniciar un blog, al menos la única que proporcionó nitidez a mi nube mental.

En estos años bajo el seudónimo “nomecreocasinada” que se ha convertido funcionalmente, ante mi ignorancia, en una marca virtual, he abierto dos blogs, uno con el subtítulo “sobre la vida misma” en el que ya no escribo pero que sigue abierto para su lectura, y otro “filosofía del reconocimiento” que es éste que leéis y en el que escribo diariamente.

Si la valoración de estos años debiera hacerla por la cantidad de visitas y rankings ocupados, ni me lo hubiera imaginado porque tampoco me lo había planteado. Que los números avalen un trabajo de seis años tiene un riesgo enorme: perder el sentido de lo que haces. No inicie la escritura virtual con el objetivo de que mi blog “fuera el primero” como de forma machista rezaba un anuncio televisivo sobre un espermatozoide que de paso adoctrinaba sobre roles y expectativas. Pero las redes sociales no están exentas de tentaciones y aparte de informarte constantemente sobre tus aumentos y declives de visitas, te posiciona en rankings, supongo cuando has alcanzado un determinado relieve, que inconscientemente presiona.

Visto lo visto, he decidido que este año me tomaré tres meses de vacaciones en el blog, como ya hice el año pasado, así nos relajamos todos y resituamos las prioridades. Revalorizo personalmente las mías, y conseguiré haber pasado a la historia porque en el mundo virtual el tiempo corre a la velocidad de la luz.

Prescindiendo de las perversiones narcisistas, hay una satisfacción profunda que reside en expresar lo que piensas intentando fundamentarlo, tengan la acogida que tengan tus palabras. Eso es un privilegio, que está al alcance de todos, pero que no todos se sienten en condiciones de poder desarrollar. Por otra parte, incapaz e incapacitada como me encuentro para luchar contra el declive humanitario de forma más directa, la escritura se ha convertido en un medio para mí de reivindicación y batalla humana, que abarca una diversidad de aspectos de lo que implica ser humano. Por ello, las temáticas pueden parecer en ocasiones arbitrarias o caóticas, pero no lo son de hecho. Todas subyacen al reconocimiento necesario de lo humano como condición necesaria para una vida justa.

Así, sigo albergando en un rincón de mi rebelde causa la fortaleza que emanaba Stéphane Hessel, a la vez que no puedo desprenderme del tiempo y las circunstancias que me están existiendo. Creo que mis cuadernos digitales no son más que esa ambigüedad entre una esperanza muerta, y una vida sin esperanza, que aun así transita por si una sola sílaba puede mitigar el dolor momentáneamente de alguien que lo merezca.

La transparencia del gesto

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No hay contradicción entre el lenguaje y el gesto, uno está sujeto al deber, el otro al querer, y como humanos mientras lo que deberíamos hacer pueda ser distinguido de lo que queremos hacer, el gesto espontáneo que brota de la voluntad oprimida será siempre el auténtico querer.

¡Qué vida más absurda  la de aquel que le busca sentido, y mientras se le exige hacer lo que “debe”-obligatoriedad sin fundamento- y no lo que quiere! El lenguaje impone, a menudo, la convención por encima del sentido.

Desgracias

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Hay quien parece acopiar desgracias severas: por azar, sin voluntad ni intervención alguna, deviene un repudiado, aislado, eludido, apartado que deambula con conciencia, o sin ella, por ese patíbulo arbitrario.

La conciencia le aportaría un sufrir inconsolable, la inconsciencia un sinsentido paralelo que le induciría a musitar incesantemente: ¿por qué?

Democracia diluida

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La Justicia, como  institución, ha perdido toda credibilidad por estar al servicio del poder político-económico. Si a esto sumamos la pandemia de la corrupción política, en todos sus sentidos ¿qué resta de legítimo que sustente que este sistema de gobierno es una democracia?

El logos sin alteridad

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Elucubrar sobre lo que no nos pertenece, en cuanto constituye el decir ajeno,  es usurpar la intimidad ninguneando el auténtico valor de la alteridad: el lenguaje propio deviene el único logos posible.

“El Mito de Sísifo”. Camus

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Quiero que me sea explicado todo o nada. Y la razón es impotente ante ese grito del corazón. El mundo mismo, cuya significación única no comprendo, no es sino una inmensa irracionalidad.

Si se pudiera decir una sola vez: “esto está claro”, todo se salvaría. Pero estos hombres proclaman a porfía que nada está claro, que todo es caos, que el hombre conserva  solamente su evidencia y el conocimiento preciso de los muros que lo rodean. El espíritu llegado a los confines debe llegar y elegir sus conclusiones. En ese punto se sitúan el suicidio y la respuesta.

A.Camús, El mito de Sísifo

La conciencia de las preguntas, la claridad, el tiempo de indagación y la búsqueda, agotada la razón, desde las entrañas del corazón y las vísceras de la pasión, definen la urgencia de respuestas, la intensidad de la angustia en la espera, y si seremos Sísifo, cargando indefinidamente el sin sentido de la caída perpetua  o Zaratrusta, carcajeándose del dolor en sí, y bailando a la vida sin más.

Sería iluso pensar que todo individuo, como humano, no tiene la pregunta colgando de la cabecera de la cama. Simplemente hay quien nunca levanta la vista del suelo, para no tropezar con “las piedras del camino”, sin apercibirse de que la perspectiva de los bípedos es  por naturaleza más amplia.