Lo onírico

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El estudio de la mente humana constituye una de las esferas más oscuras del conocimiento.  Disponemos de  hipótesis, pero en absoluto de certezas. Aun así, hay explicaciones con un valor empírico mayor o incluso diría con un poder de convencer al sujeto que se estudia desde esa perspectiva más satisfactoria.

En este contexto, el análisis de los sueños desde la perspectiva psicoanalítica constituye un material de autocomprensión  nada despreciable. Cabría precisar que algunas de las equivalencias establecidas por Freud entre el contenido explícito del sueño y su significado latente han sido superadas hoy en día, y nos es exactamente ésta la manera de proceder del psicoanálisis.

Teniendo esto en cuenta, recordemos que las producciones oníricas son gestaciones mentales, en una fase del sueño, que tienen un contenido manifiesto, aquello que estrictamente podemos relatar haber soñado, y un contenido latente. Esta doblez es una estrategia para dar a luz contenidos del inconsciente que el sujeto no puede hacer consciente –los motivos de esta incapacidad son diversos, pero destacaría la propia resistencia del sujeto a aceptar ese contenido- pero cuya manifestación simbólica le invita o posibilita a hacerlo.

Así nuestros sueños son algo íntimo y relevante de nuestra vida. Su auténtico significado sólo puede ser identificado por el propio individuo –quizás con el apoyo de un analista-  Para ello es fundamental tener presente la biografía del individuo, el momento actual por el que pasa e incluso las vivencias o hechos que se sucedieron las horas o el día anterior al sueño. El entrenamiento que una persona adquiere en una terapia analítica o un análisis lo capacitan para la autointerpretación de algunos sueños.

La producción onírica es a menudo algo semejante a la producción artística. Ésta es fruto del esfuerzo y el trabajo del artista, pero también es cierto que existe una especie de intuición artística, que acaba dirigiendo, casi al margen de nosotros mismos –de nuestra conciencia- el curso y definición de la obra de arte. A menudo, es difícil  dar cuenta del porqué de esta resolución de la obra y no de otras alternativas. La causa más inmediata suele ser un reconocimiento estético y emocional de esa opción. Como si de alguna manera la obra hablara con voz propia, una voz que yace en el artista, pero de la que no posee noción hasta que se manifiesta estéticamente.

Los sueños son, así mirados, nuestra intransferible obra de arte. Nos vemos enredados en acontecimientos poco verosímiles, en historias fantásticas en las que tenemos alas, o somos héroes o por el contrario, nos convertimos en el ser más despreciable. Todas estas producciones dicen algo de nosotros. Nos dicen algo a nosotros. Escuchar los propios sueños, recorrerlos, sentirlos, nos dan pistas sobre ese mensaje que una parte de nuestra mente nos envía. Quizás expresan miedos, angustias, deseos, dolores, odios,…que tarde o temprano acabarán planeando en nuestra vida y que son la revelación de lo más recóndito de nosotros mismos.

Los sueños han dejado de ser simbólicos para desvelar el lado oscuro de cada uno…..tal vez.

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