Pavoroso

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El viento gélido, amenazante que se filtra por orificios anónimos y nos repliega temerosos a ocultarnos en recodos inauditos de la casa. Casi como si la voluntad fuese desaparecer y dejar de sentir este episodio terrorífico que evoca pavores internos. Nos recubrimos con batas, mantas y aun así nos adentramos en el oscuro hueco de la cama, como infantes que crean la fantasía de haberse evaporado. Bien parapetados del vendaval de miedo, nos apercibimos de que el monstruo lo llevamos dentro.

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