El bebé catártico

No hay comentarios

El silencio se impone, a veces, por la necesidad de dedicar el tiempo a otros menesteres. Y ese lapso de presencia, en lugares no habituales, dejándote envolver por la tremenda ternura y pureza de un bebé, cuyo cuerpecito lucha por seguir respirando, te derrumba, desarma, noquea y tiene un efecto catártico al que no  quisieras renunciar, cada instante que te coge el dedo te mira y parece exigir que canturrees o le susurres, con la otra mano posada suavemente en su cuerpo. Y no hay nada más que esa criatura incipiente y tú, que debes protegerle, calmarle y hacer del ínfimo mundo que le rodea un sitio seguro para él. ¡Tan poco y tanto!

Deja un comentario