El trasiego y la intensidad de un conflicto político y público pueden acabar generando la pasividad por desbordamiento y saturación mental del ciudadano ante tanta incertidumbre prolongada. Algunos –agotados-esperan lo que sea que deba acontecer casi desconectados del día a día, para rebajar su nivel de ansiedad. Esta actitud de supervivencia psíquica evidencia carencia de aptitudes por parte de dos gobiernos de ejercer la política, ese arte de gestionar y ordenar la vida pública. Por muchísimo menos a otros los despiden de sus empleos.
