No nos hunde el dolor, sino la falta de sentido de este. Sin un por qué o un para qué, el sufrimiento se nos hace intolerable. El héroe griego, el mártir cristiano actuaban en pro de un ideal, tenían un propósito por el cual sacrificarse y soportar las fatalidades del mundo y de los hombres. Desde el momento en el que el sentido queda excluido como inherente a la existencia y, por lo tanto, al dolor que necesariamente ésta implica, solo cabe lidiar con un dolor que se agota en sí mismo, sin posterioridad. ¿Qué humano es capaz de mirar de frente el dolor sin sucumbir al miedo e intentar la huida?
A priori parece que muy pocos; sin embargo, la experiencia nos muestra que son muchos más de los que creíamos los que padecen sin esperar recompensa, ni reparación; y esto solo parece posible cuando hemos reconocido que sin el otro ni tan solo seríamos, y que, en consecuencia, es por nuestra alteridad intrínseca por lo que nos mantenemos vivos, por solidaridad, compasión y amor a los otros.
Os animo a escuchar la conferencia sobre «El sentido del dolor» de Chantal Maillard, poeta y filósofa. Una experiencia comprendida y pensada que nos transmite mediante una poesía profundamente filosófica.
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