En las democracias neoliberales occidentales subyace un implícito que reza: “la libertad de expresión y manifestación es lícita si defiendes los principios del poder político económico y político establecido”. Esta larga retahíla, que debería poder simplificar -pero no puedo-, significa que hay unos supuestos no formulados con descaro que establece los márgenes en los que los ciudadanos pueden discrepar de los poderes “representativos”. Existen asuntos que no parecen de relevancia y dejan que los ingenuos ciudadanos se expresen, pacífica y festivamente si quieren. Sin embargo, hay cuestiones de interés nacional respecto de las cuales no hay divergencias posibles. El relato debe ser único, y se prohíben manifestaciones por seguridad nacional.
Hay recientes ejemplos que se pueden citar: la prohibición en Francia, Alemania y Gran Bretaña de manifestarse en apoyo a los palestinos, otro tipo de protestas pacíficas que se producen reiteradamente ante reuniones del G-20. Y si buscamos hallaremos muchas prohibiciones de expresarse a la ciudadanía libremente, que se supone que es en lo que consiste la democracia.
Ante enfrentamiento bélicos, las opiniones, análisis y perspectivas son diversas y cualquier manifestación de apoyo o rechazo es legítima y legal porque la libertad de expresión es un principio básico de cualquier democracia.
Lo que parece claro es que, ante acontecimientos relevantes, en política interior y exterior, todos los estados tienen el relato aceptable y veraz y el que parece estar equivocado y apoyando a terroristas. ¡Qué suerte disponer de políticos tan sabio como los que soñó Platón!
Sin embargo, el tiempo confirma en ocasiones las demandas del pueblo que, si recordamos en el caso de la invasión de Irak, decidido por el triángulo de las Azores, se acabó demostrando que no habiendo más amenaza que la inventada ad hoc, los ciudadanos que masivamente se opusieron a la invasión de Irak no eran tan lerdos.
Hay que acabar con los relatos maniqueístas, en el que unos son buenos y otros totalmente malos como si fuese un cuento de Disney, y abandonar esos intereses que ya no son opacos para nadie, o como mínimo si tanto hablamos de la Democracia, dejar que en los países occidentales los ciudadanos se manifiesten en el sentido que crean oportuno. Por el contrario, las manifestaciones pierden su sentido ya que no se producen en contra de los poderes fácticos, sino como propaganda aparentemente espontánea de estos.
La libertad de expresión es una de las carencias más alarmantes del neoliberalismo, que solo admite relatos que no interfieran con los grandes y significativos impuestos por el poder. Para reprimirlas se usan las leyes al antojo de quienes gobiernan para evitar supuestamente revueltas sociales. ¿No es un derecho del ciudadano organizar una revuelta social si así lo desea? Lo que echamos de menos, a menudo, son manifestaciones que cuestionen el orden establecido y las consecuencias degradantes que este tiene para los ciudadanos. Ya sabemos cómo acaban, reprimidas a la fuerza y con violencia. Sin embargo, ese hecho pone en cuestión una y otra vez el estado de derecho y la democracia.
El ciudadano que se informe mediante diferentes fuentes, contrastadas al máximo y que ante las contradicciones muestre su cautela y su duda en contra de actos violento y contundentes, está legitimado, puede hacer de pepito grillo de otros que a su vez puedan cuestionar los relatos oficiales.

San Narciso no tiene la culpa de las fakes news, al fin y al cabo son las fobias, manías, ansiedades, racismos y xenofobia ( de los usuarios) lo que reparte los likes y los seguidores…son libres hijos míos para equivocarse y ser trending topic…Si la Verdad es poco atractiva, hay hartas falacias tan festivas, coloridas y sexys para escoger…No hay perdón para la desinformación…a veces es un supicio convivir con mi otro Yo…besos al vacío desde el vacío
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JAJAJAJA…. Dale libertad de expresión que no hay q reprimirlo
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