Sanidad pública, una utopía líquida.

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Resulta esperpéntica la situación de desamparo a la que se ha llegado en algunos servicios públicos sin que los agentes sociales, que deberían denunciar y luchar por recuperar unas condiciones de trabajo para que éste pueda ser realizado en condiciones, hagan nada o acuerden el silencio con los responsables últimos de estos servicios públicos que eran un derecho consolidado hace años.

Un ejemplo, entre muchos otros que podríamos poner, es que en muchos ambulatorios los mismos médicos les dicen a los pacientes que los fonendos, oxímetros, tensiómetros y otros instrumentos que necesitan para realizar una atención básica, no funcionan. Lo peor, es que se le ha comunicado, supongo que extraoficialmente, que como no hay dinero para sustituirlos, el profesional que quiera puede comprarse el suyo para pasar consulta.

Trascendiendo el caso concreto -que me parece una película de los hermanos Marx- la cuestión es qué papel juegan los sindicatos hoy en día. Está claro que ya no son esas organizaciones de trabajadores que luchaban por sus intereses y por condiciones de trabajo dignas. Se han diluido, aunque siguen muchos viviendo de ello, como un apéndice del poder establecido que representan anualmente el papel que les toca, en vistas a la supuesta subida de salarios, y poco más.

Las instituciones públicas deben garantizar los servicios que ofrecen a los ciudadanos, sobre todo cuando hablamos de derechos básicos, pero ¿Quién controla que en la praxis diaria esto sea así? Los políticos están muy ocupados con cuestiones menos urgentes y propias, algunos además desconocen las consecuencias concretas de recortar los presupuestos o no aumentarlos en situaciones críticas como la de la sanidad. Sospechar que los representantes que gobiernan, con las competencias que les corresponden según las comunidades autónomas, no conocen el día a día y la cotidianidad de estos servicios es muy preocupante. Los ciudadanos nos preguntamos tras la pandemia, que es cuando esta situación ha aparecido como algo desconocido desde tiempos inmemorables, ¿por qué, si los servicios sanitarios están saturados, cuando un paciente acude al centro correspondiente a la consulta o a realizarse pruebas están prácticamente vacíos? Esta constatación la ratificaría cualquier paciente. Antes acudir al médico era saber cuando llegabas, pero nunca cuando salías. Ahora, los centros sanitarios de atención primaria están bastante vacíos, el acceso a las especialidades casi vetados a no ser que el paciente esté muy grave, y la deriva de todo esto es la convicción de que se está desmantelando la sanidad púbica en silencio, con la connivencia de los sindicatos y otros organismos implicados. ¿Cuándo vamos a reaccionar los ciudadanos? ¿Cuándo vamos a actuar? Me temo que nunca, porque intuyo que ya es tarde. Hay que reconocer que los profesionales de la salud mediante las mareas blancas lucharon durante tiempo por estas cuestiones, aunque a los ciudadanos se les hiciera creer que solo querían más sueldo porque eran unos avaros. Hoy la situación tras el fracaso de estas luchas es que faltan médicos porque la presión bajo la que trabajan y la baja remuneración los lleva a emigrar a países donde su trabajo está más cuidado y reconocido. Un país, que por su sistema de selección se queda con los mejores para ser formados como médicos, permite después que estos tengan que irse fuera para ejercer su profesión con ciertas condiciones exigibles. Imaginemos cómo está la situación si los médicos en Centros de Asistencia Primarias de grandes ciudades y con muchos usuarios, deben comprarse ellos mismos el instrumental para trabajar ¿Dónde se ha visto esto?

En concreto, hablo de la situación en Catalunya que es donde resido y lo que conozco. No sé cómo está en otros lugares. Me pregunto si no sería de un mínimo de conciencia moral priorizar los gastos en renovar el instrumental sanitario -un simple fonendo, …- en lugar de dedicarlo a otros asuntos que dan más votos, ya que siempre después se puede achacar la esperpéntica situación a la falta de financiación por parte del gobierno español. No solo es eso, sino también la indiferencia y el escepticismo con el que nadie entienda ya que se puede costear un sistema público sanitario.

¿A los políticos les hacen comprarse sus tabletas, ordenadores, móviles, coche oficial y chófer, o eso lo tienen garantizado además de las dietas? El estado español es uno de ellos y además de los que tienen más cargos públicos de naturaleza que política altos e intermedios ¿son necesarios tantos?

La voluntad política ha dejado de serlo, para pasar a ser un juego para lucrarse, en la mayoría de los casos, aunque por resistencia aún queda alguno con vergüenza.

En definitiva, que el continuo replanteamiento de la política no es un ejercicio teórico prescindible, lo que necesitamos es que ese repensar colectivo sea además práctico, transformado en acciones que presionen a los poderes para que gobiernen con un mínimo de decencia.

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