Los manuales de autoayuda: imperativo de la felicidad.

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En una sociedad calificada comúnmente como individualista, no parece lo más apropiado hacer un llamamiento al cuidado de sí, o de uno mismo. Sabemos que los libros de autoayuda proliferan como hongos en un otoño lluvioso. Sin embargo, sin el propósito de ofender a nadie, a mi juicio estos manuales acostumbran a orientar de manera superficial y normativa, agudizando el individualismo, en lugar de que el hecho de cuidarse uno mismo conlleve la constatación de que somos también los otros y que nos necesitamos mutuamente.

Sé que la cuestión puede ser controvertida, motivo por el cual intentaré facilitar alguno de los argumentos que sustentan esta apreciación.

En primer lugar, cuidar de sí, implica autoconocimiento de las propias heridas no cicatrizadas y de cómo hemos manejado este dolor a lo largo de la existencia. Todos estamos atravesados por alguna herida, aunque solo sea por ser humanos, es decir seres corpóreos limitados y finitos. Las carencias suelen dejar su rastro y, como seres imperfectos y limitados, todos las padecemos y las generamos, aunque sea inconscientemente, en los otros. Así, es una cuestión nuclear identificar nuestras heridas, nuestros fantasmas y afrontarlos con la profundidad que exige ahondar en las entrañas de uno mismo. Hay quien es capaz de realizar este proceso personalmente y quienes necesitan de otro que los espejee. Ahí cada uno sabrá. En este sentido, los libros de autoayuda no nos conducen al dolor que supone identificar y revivir las carencias abiertas como heridas, sino por el contrario se basa en una especie de psicología positiva que mediante mantras nos proponen autoconvencernos de lo bueno que es vivir de manera superflua y generalizada. Los caminos de cada uno son irrepetibles y no pueden ser dirigidos como si solo hubiese una forma de ahondar en uno mismo.

En segundo lugar, ese tocar, palpar y sangrar para reparar es un previo necesario que nos lleva a constatar que somos con los otros, y que los otros nos han afectado, han influido en nuestro ser, y recíprocamente nosotros a ellos. Esta constatación de nuestro ser cuerpos sociales nos lleva a entender que somos interdependientes, que necesitamos de los otros y viceversa y que la forma de reparar nuestro malestar pasa por construir lugares habitables junto a los otros. Una vez que he tocado mi infierno no puedo fingir que en él no me he encontrado con el infierno compartido con los otros. Ya no puedo vivir como si no me hubiese palpado el otro y hubiese dejado su huella en mí.

En conclusión y de forma sintética, este esbozo debe llevarnos a repensar si no sigue siendo necesario que nos ocupemos de nuestro cuidado para percibir el cuidado como algo colectivo, en la línea que filósofos como Hadot y Foucault hicieron en su día. Si alguien quiere referencias de las obras en las que estos autores abordan la cuestión, puedo facilitarlas. También podéis consultar el canal de YouTube del filósofo @Luís Roca Jusmet[1] en el que esta cuestión se trata de manera accesible mediante el cometario de los autores mencionados y otros.

Recordemos las palabras de Nietzsche:

«Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también este mira dentro de ti»

El coraje para ahondar en uno mismo nos conduce a una batalla con nuestros más secretos conflictos interiores, sin embargo, huir solo nos conduciría a no vivir plenamente. Y esa vida que afirma Nietzsche hay que mirarla desde las entrañas, donde lidian entre sí nuestros monstruos interiores y nos conduce al abismo, ese en el que se mostrará si nuestro amor a la vida es auténtico.


[1] https://www.youtube.com/@LuisRocaJusmet

Plural: 4 comentarios en “Los manuales de autoayuda: imperativo de la felicidad.”

  1. ¿Por qué patear el pesebre de la «autoayuda»? Es su paracetamol para el alma de los que habitan en la caverna platónica, y eso de lo abismos humanos, le dan mala fama al abismo…No hay manual que pueda ayudarme con mi otro Yo…sorry….besos al vacío desde el vacío

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  2. Este artículo desafía la idea de la autoayuda superficial y destaca la importancia del autoconocimiento profundo y la interdependencia con los demás en el cuidado personal. Argumenta que los libros de autoayuda a menudo pasan por alto la necesidad de enfrentar heridas emocionales y promueven una psicología positiva superficial. Una perspectiva que invita a una reflexión más profunda sobre el cuidado de uno mismo y su relación con la sociedad.

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