Las corrientes pedagógicas que se van imponiendo sucesivamente, cual moda que descubre la sopa de ajo, se limitan a menudo a utilizar una terminología relativamente nueva y a desgajar teóricamente los distintos momentos del aprendizaje que, a menudo, no parecen nada contrastados con la realidad.
Es el caso de los trabajos en grupo o, discúlpenme, los trabajos colaborativos como ahora se les denomina. Todo profesional, que ha estado un mínimo de años en un aula con adolescentes, sabe que esos trabajos son de todo menos colaborativos. El adolescente está en una etapa difícil. Sus intereses no coinciden, a menudo, con los académicos que intentan cumplir o aparentar que lo hacen por necesidad. También hay alumnos cuya motivación, sea cual sea, le lleva a intentar hacer bien los trabajos, los asume con responsabilidad. En consecuencia, cuando en un grupo de cinco adolescentes nos encontramos con esa diversidad, los que hacen el trabajo son los dos pringados que tienen interés, los otros se aprovechan y entorpecen, generan angustia y estrés en los que alumnos que sí desean hacerlo bien, y eso acaba siendo una situación de abuso de unos hacia otros.
Quien intente argumentar que el ejemplo de unos puede ayudar a otros es que no ha visto un adolescente en su vida. Los que, por las razones que sea, están absolutamente desmotivados no se van a cambiar su actitud por la acción de un igual, antes, este último pasará a ser motivo de mofa. Si el profesor y la familia no han conseguido reorientar la actitud y la conducta de un chaval, ¿Qué le estamos pidiendo a un adolescente como él? ¿Qué obre el milagro que nadie ha logrado? ¿Qué asuma una tarea que no le corresponde porque ya tiene bastante consigo mismo? Los adolescentes que rinden académicamente no están exentos de problemas y dificultades, aunque en la educación todo se mire por el rendimiento académico. A veces, su interés y motivación es precisamente un obstáculo en la relación con los iguales, ya que pasa a ser descalificado de diversas formas, y posteriormente todos aprovechan su habilidad.
Sería un buen ejercicio preguntarles a los alumnos con mayor rendimiento académico cómo han vivido su etapa escolar. Sí, a esos que nadie tiene en cuenta porque no dan problema. Nos apercibiremos de que, a menudo, para ellos el problema es el funcionamiento de la escuela y el lugar en el que les posiciona frente a sus iguales.
Desmitifiquemos los trabajos colaborativos, seamos realistas y tengamos en cuenta a la diversidad del alumnado, a los que rinden también porque son los grandes olvidados del sistema.
Traspasando esto a etapas posteriores, podemos encontrarnos con másteres universitarios en los que toda actividad es en grupo y, en consecuencia, la evaluación también. En primer lugar, estamos hablando ya de jóvenes adultos que pueden trabajar -por necesidad, seguro, no capricho-, con personas bastante formadas ya que tienen distintos momentos vitales y que encuentran grandes dificultades para organizarse conjuntamente por horarios y tiempo. Además, sus formas de trabajar y sus procesos cognitivos son diversos y eso puede generar tensiones innecesarias. ¡Alerta! No estamos afirmando que no tenga que hacerse algún trabajo en equipo, porque bien tendrán que trabajar así si ejercen la profesión para la que se forman. Estamos planteando que realizar todos los trabajos en equipo es una desmesura que dificulta el proceso de interiorización individual, imprescindible, y que tensa unas relaciones exageradamente, porque en el mundo laboral no se hace todo en equipo; siempre hay tareas que tiene que afrontar uno individualmente.
Personalmente, he experimentado a lo largo de mi carrera docente el fracaso y la frustración de los trabajos en grupo. Que nadie argumente que hay que guiarlos, sugerirles cómo organizarse, supervisarlos, y mostrarles cómo van a aprender unos de otros si se ayudan. Lo que d efecto sucede cuando les dejas hacer es que unos trabajan y otros no, y los responsables acaban haciendo el trabajo de los otros porque la nota de evaluación es grupal, y no quieren salir perjudicados por la desidia de sus compañeros. En los últimos años evaluaba los trabajos en grupo individualmente, ante la protesta de los que no trabajaban. Los que asumían la responsabilidad se sentían aliviados. Lo que pasa es que para esto es mejor no hacer trabajos en grupo. No tiene sentido. Más en grupos numerosos y teniendo no sé cuántos alumnos globalmente en un curso, que te impide conocer un mínimo de todos.
La demanda es que seamos realistas. Estar desde un despacho teorizando sobre lo que deben hacer otros debe ser muy inspirador. Deberían antes ponerlo ellos en práctica, no como una prueba piloto única, sino en el contexto real en el que ejercen la docencia los profesores.
Un dato curioso, es que hay países en Europa que se los ha considerado pioneros en los grandes cambios pedagógicos que están retomando prácticas menospreciadas, cuando nosotros aún estamos en fase de entronizar lo que esos países pioneros ya están abandonando porque han experimentado las carencias en la educación que conllevan.
Después, esto es un apunte curioso, hay que observar la incapacidad de los propios profesores de trabajar en equipo. Y, seguramente, de muchos pedagogos que teorizan aparentemente bien, y cuya praxis es nefasta.
Lo mejor para la educación, y para los alumnos, es que abandonemos la hipocresía, que dejemos de difundir que hay nuevas formas de educar que sí funcionan, y valoremos más lo que de facto ocurre: si el profesor es buen maestro, las cosas funcionan. Dejemos libertad para utilizar las estrategias pedagógicas con las que se siente cómodo y a las que es capaz de sacarle partido. Las florituras son innecesarias si quien se pone frente a una clase es alguien con carisma que es capaz de entusiasmar a la gran mayoría. Asumamos que siempre hay alguno que se quedará atrás. También ocurre así en la sociedad, en la vida real y no parece preocupar a nadie.
En fin, aunque es una cuestión sobre la que decidí no escribir más, me sigue hirviendo la sangre cuando me encuentro con prácticas que no funcionan, pero cuya terminología parece la bomba.
