La condición básica para necesitar: existir.

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Una escapada a un pueblo costero. Tres amigos. Pasear, charlar, descansar. Y vuelta a la vida que nos hemos construido, a partir de nuestras decisiones, nuestros condicionamientos y nuestras posibilidades. A pesar de que somos privilegiados, todos padecemos. Maslow supo describir muy bien esa escala de necesidades y cómo podemos experimentarlas acuciantes, sin ser todas del mismo calibre.

“La pirámide de Maslow es un modelo de necesidades humanas, a menudo representado como una pirámide jerárquica. La necesidad más básica, en la base de la pirámide, es la de supervivencia física. El siguiente nivel es el de seguridad y protección, seguido de las necesidades sociales, como la pertenencia y el amor.”

Observando la pirámide constatamos que, aquellos que podemos disfrutar de días de descanso con todas las comodidades somos los que nos hallamos en la cúspide. Nuestras necesidades básicas -cubiertas las fisiológicas y de seguridad- se sitúan en el reconocimiento de los otros, los vínculos y lo que Maslow denominó Autorrealización.

La punta de la pirámide refleja, tal vez, una manera excesivamente homogénea de concebir lo que es el humano y desde un patrón cultural occidental. Sin embargo, muchos siguen ahí, lo verbalicen y nombre de una manera u otra. Actualmente, diríamos que los sueños, sueños son y que aquello que puede llenar de algún sentido nuestro existir sería lo que el autor denominó Reconocimiento y Afiliación. Partiendo del supuesto de que aceptamos esta pirámide como válida, sobre todo en cuanto su manera de percibir que sin nuestras necesidades animales satisfechas, no hay humano posible.

Los dos últimos estados mencionados hacen referencia a los lazos sociales, el reconocimiento mutuo y el sentimiento de pertenencia a una comunidad. Sin esto, de hecho, seríamos individuos solos, incompletos y vacíos. No nos habríamos nutrido de lo que nos dan los otros, que es el mayor alimento para desarrollarse como humano, sea la forma de vida que se adopte como tal.

Y esta reflexión no puedo desvincularla del cuadro publicado en el anterior post sobre EL GRITO DE GAZA. En general, de todos los gritos humanos ignorados que claman por su subsistencia y la de sus seres queridos, en medio de conflictos en los que no tienen arte ni parte. Por muy profundo que sea el vacío de nuestra existencia, siempre es preferible a padecer las matanzas y sangrías de los que se ven inmersos en esas guerras. Oídos sordos del mundo ante su clamor, mientras muchos buscamos un sentido al vivir, otros solo piden el derecho a vivir.

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