La extraña parálisis -relato-

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Sentía todos sus órganos amarrados – ¡hasta la piel! – como si estos estuviesen dirigidos por una mano invisible que los llevaba a fluctuar a su antojo. Las manos paralizadas, aunque manteniendo la movilidad de los dedos, los brazos rígidos en continuidad con las manoplas y la imposibilidad de hacer el gesto de rotación del cuello, obligándolo a mantener la vista en la dirección forzada. Un extraño anquilosamiento que los médicos desconocían, lo cual provocó un alud de interconsultas entre profesionales, hospitales, etc., cuyo propósito era averiguar si se había producido algún fenómeno similar y podía estar avecinándose una rara pandemia, o si, por el contrario, era un caso único sobre el que se podía investigar sin temor alguno.

Tras múltiples conversaciones entre unos y otros comprobaron que constituía un caso aislado y único. Esta era una ocasión privilegiada para la investigación médica, aunque al paralizado no le iba a honrar tener ese trato especial.

Jornadas intensivas de trabajo médico quedaron cuestionadas cuando el celador, que trasladaba a ese ser con esa rara enfermedad, descubrió los cables que pendían desde dentro de su boca y preguntó ingenuamente al primer doctor con el que se encontró: ¿no será un ciborg y simplemente se ha estropeado?

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