Para Pol.

4 comentarios

Desde que tu cuerpo pujaba con mi vientre para hacerse espacio, crecías al ritmo de las composiciones musicales de Bach. Me generaban una alegría serena, susceptibles de ser entendidas, las piezas del músico de los conciertos de Brandeburgo facilitaban mostrarte el rostro más benévolo del mundo, porque el otro sabía que lo descubrirías por ti mismo. También bailábamos con Nacho Cano, con tu cabecita rendida en mi hombro te calmabas y te entregabas plácidamente al sueño, el cual fue siempre un misterio ya que nunca entendimos por qué no dormías cuando todos lo hacíamos, y cómo te mantenías tantas horas sin hacerlo. Ahí, supe que tus inquietudes no las había podido apaciguar Bach y que posiblemente siempre hervirían en tu interior.

Te iniciaste en el habla cuando solo concebíamos que pudieras emitir algún monosílabo, y esa irrupción se nos quedó grabada para siempre a tu padre y a mí, ya que ante tu advertencia de que la puerta del coche estaba abierta, nos pusimos a buscar quién había proferido semejante frase, e incrédulos tuvimos que concluir que lo único posible es que hubieses sido tú. A partir de ahí, asumimos esa anomalía como una virtud y nos habituamos a oírte hablar, cuando ni tan siquiera habías empezado a caminar.

Tu forma de crecer siempre nos sorprendía, porque tus preguntas nunca eran esperables a tu edad, pero también nos acostumbramos a que tu ritmo era distinto. Eras alegre, seguro de ti mismo, pisabas con decisión, hasta que empezaste el colegio. Desde ese momento parecías atemorizado, te recluiste en ti mismo y nunca más volvimos a saber del niño que habías sido. Empezaste a sufrir, tal vez porque descubriste que la vida no era un happy park; estabas descubriendo esa otra cara del mundo que no quise mostrarte para que disfrutaras el mayor tiempo posible. Tu interés por asuntos propios de los adultos fue in crescendo y siempre preferías estar sentado escuchando hablar a los mayores que irte a jugar; era como si fuese de las pocas ocasiones en que podías tener un acceso no problemático a ese mundo adulto que no te correspondía, pero que tenías una angustia desmedida por conocer.

Guardo muchos recuerdos entrañables: tu pasión por el teatro y el cine, después por la literatura, y un niño que siguió captando todas las ondas que se hallaban a su alcance y sobre las que preguntaba con una madurez impropia. En esos años se estaba gestando esa inquietud filosófica, en el sentido más amplio, que iba a marcar tu manera de ser y de estar en el mundo. Habías visto lo que no todos ven, y solo nos quedaba dejar que tu ser se expandiera por los recodos que deseabas.

Hemos sufrido y aprendido contigo, lástima que ese saber hacer se produce a posteriori, cuando ya no tiene remedio y el daño se ha producido, pero no olvides nunca que el amor es incondicional, a priori y cuando uno se da cuenta de su no saber amar.  

El amor es ese pardillo torpón que a veces permite crecer, y otras te arrebuja entre los brazos para que nada pueda dañarte, una quimera hija del amor también.

Hoy, cumpliendo veintisiete años, eres un joven dedicándose a lo que quiere, a pesar de que si eso te servirá de medio de manutención es más controvertido. Ser filósofo, escritor y un apasionado estudioso y lector de cuanto considera arte, no está valorado socialmente ni existen espacios laborables accesibles para avanzar en esa línea. El mundo está orientado a producir para el consumo, y es el sistema filtrado por los poros de toda la sociedad, y de cada individuo. No obstante, hay tiempo para todo bajo el sol, para intentar lo que quieres, y si no lo logras del todo recurrir a otras estrategias, siempre con la mirada puesta en recuperar el tipo de vida que desearías llevar. El que seguro que no alcanza sus propósitos es el que no lo intenta, quien sí, puede quedarse a medias, hallar formas híbridas, pero una parte de su querer siempre encontrará vía de manifestación.

Te queda presumiblemente mucho tiempo por delante y esperamos que puedas disfrutar al máximo de ese crédito que nos da a todos la vida. Sea como sea, la mayor satisfacción para unos padres es que sus hijos encuentren la pasión de su vida, y tú la has encontrado. Ese es el fundamento de una vida lograda. A partir de ahora, ya sabes cómo funciona todo, y harás lo que puedas, no solo lo que quieras, aunque tener nítidamente ante uno mismo lo que ciertamente desea es un privilegio.

¡Que tengas la mejor vida posible!

Plural: 4 comentarios en “Para Pol.”

Deja un comentario