La indignación es algo del pasado.

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Desde que aconteció la Indignación en el Estado Español, a través del movimiento de los Indignados, el sistema capitalista percibió -con esos ojos de gran hermano- que era urgente evitar que una revuelta de este tipo se volviera a producir y se extendiera por el resto de Europa. La demanda central era: Pan, Vivienda y trabajo. Acompañada de una serie de lemas contra la cosificación que el capitalismo hace de los ciudadanos -«No somos mercancía de políticos y banqueros”, “No falta dinero, sobran ladrones”, “No es una crisis, es el sistema», “no nos representan”-

A partir de ahí, una vez reprimida a la fuerza y con violencia toda manifestación, se promovió lo que en otros artículos he denominado la atomización de la sociedad, con la aparición de una diversidad de grupos unidos por motivos identitarios de nación, de género o todo lo queer, hasta asociaciones que luchaban por causas muy concretas y minoritarias. La identificación con causas minoritarias se expandió, y tal vez las únicas que hallaron un aumento fueron el feminismo y el movimiento queer. Todas reclamando legítimamente sus derechos, lo cual era necesario, pero a su vez se logró que perdieran de vista la lucha de los indignados que era trasversal y que clamaba por unas condiciones de vida dignas, que permitieran cubrir las necesidades básicas a todos.

Esta semana ha aparecido en el periódico “LA Vanguardia” una entrevista con el filósofo Jhon Gray en la que declaraba que: “La función del “wokismo” es blanquear las injusticias del capitalismo”. El asunto lo expone en su nueva obra “Los nuevos Leviatanes” y al utilizar la expresión “wokismo” se refiere a los grupos centrados en los derechos de las denominadas minorías definidas por características como la etnia, y el género, que entiende como ajenas al verdadero eje de opresión que es la clase social. Entiendo que hay algo importante en las apreciaciones de Gray, precisamente esa aniquilación progresiva de una cierta conciencia de clase que permita luchar por las cuestiones básicas que afectan a todos los ciudadanos -al margen de su etnia, su género, su orientación sexual, …-. Ahora bien, ni se pueden olvidar la lucha por los derechos de las minorías, ni se puede ceder como si nos hubieran anestesiado a las injusticias de la estructura capitalista. Gray a fin de resaltar este uso del wokismo como distractor de la lucha fundamental, puede parecer que caiga en un menosprecio de las minorías, que destacan precisamente lo que les diferencia y es motivo de exclusión o persecución social. Sin haber leído su libro no puedo pronunciarme al respecto, en cualquier caso, lo que ha despertado mi atención sobre el planteamiento de Gray es precisamente que identifique cómo el sistema capitalista ha encumbrado determinadas reivindicaciones para encubrir las más urgentes y básicas.

Esto no significa que haya que olvidar ni menospreciar las reivindicaciones minoritarias, creo que al respecto se ha avanzado. Lo que no podemos es tomarlas como sustitutos prioritarios para ocultar aquellas demandas que son transversales a todo ciudadano, sea cual sea su condición en otros aspectos. Seguramente, es posible que desaparezca el wokismo si los ciudadanos, o todos los que habitamos un territorio calificado de Estado, luchamos por la dignidad en todos los sentidos, y los derechos de todo ciudadano respetando las diversidades que, tal vez, dejen de necesitar reivindicaciones parciales. La carencia se halla tal vez en que no hay reivindicaciones sustanciales, y ante esto más vale luchar por minorías que quieren ser extinguidas. Así, la responsabilidad de esta atomización social es de los ciudadanos que, en la medida que no nos vemos afectados directamente por un agravio, no nos movemos. Aunque, lo más triste es que cuando nos afecta tampoco lo hacemos.

Por eso iniciaba el escrito recordando con melancolía ese 15M que nos hizo vibrar a muchos y, posteriormente gracias a quienes no supieron aglutinar el movimiento sin faltar a sus principios, decepcionarnos absolutamente. En él todos tenían cabida, fuese cual fuese la diferencia minoritaria, o no tanto como hemos visto después, y se reivindicaban condiciones dignas para todos, al margen de sus peculiaridades.

Con el tiempo hemos comprobado que los ciudadanos nos “tragamos” lo que nos echen, y que la minoría que sigue sufriendo persecución y estigmatización a los más altos niveles son los inmigrantes -los que denominamos racializados-. La cuestión es compleja, ya que, aunque el más tonto del patio sabe que el envejecimiento de la población europea necesita de la inmigración -ya hablo desde la perspectiva puramente económica- para que el mercado laboral no se colapse por falta de mano de obra, del tipo que sea, estamos divagando sobre la posibilidad de crear espacios de acogida fuera del territorio europeo, mientras se tramitan las demandas, y a todos los inmigrantes que ya tenemos en suelo europeo no les damos los papeles necesarios para que puedan trabajar con un contrato y legalmente. Esos nuevos enclaves, que hoy en día no han prosperado, tienen un olorcillo sospechoso que a nadie se les escapa: pueden convertirse en campos de encarcelados y más atributos que prefiero no explicitar. Me pregunto si todo esto no responde al interés de que los inmigrantes pasen a ser trabajadores legales en condiciones de semi-esclavitud, ese régimen en el que ya se hallan los “sin papeles”, pero con el logro de que sus condiciones sean legales.

En síntesis, las asechanzas del sistema son sutiles, imperceptibles y cuando nos apercibimos, a menudo, ya es tarde porque hemos caído de pleno. Burlar estos engaños es crucial para que los ciudadanos no perdamos de vista dónde nos jugamos, realmente, la existencia de todos, y que nadie quede excluido sea cual sea su diferencia -aunque siempre sostengo que diferentes somos todos-, ni los inmigrantes que coinciden en su totalidad con las personas de etnias diferentes.

PD: Sobre el movimiento wow, su origen y evolución hay mucha información. Es importante identificar desde dónde se está escribiendo y qué leemos. Os dejo algún enlace, no porque me adhiera totalmente a su contenido, sino porque son las aproximaciones menos radicales en pro o en contra que he en contrado.

https://www.nuevarevista.net/los-logros-del-woke/

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