El acceso a la vivienda es un problema gravísimo, en especial en el área metropolitana de Barcelona[1], que afecta no solo a los jóvenes, sino a otras franjas de edad de la población que no tuvieron posibilidad en su momento de comprar una, o que la perdieron durante la crisis que estalló en el año 2008.
Todos podemos reconocer que la vivienda es un bien básico, sin el cual la existencia no puede desarrollarse de manera mínimamente satisfactoria en ningún aspecto. Quien carece de un techo bajo el que cobijarse, o lo comparte en condiciones nefastas con otras personas -ya sea por la densidad de individuos por metro cuadrado, por convivir con desconocidos en un piso, teniendo como única estancia de privacidad su habitación, …- no cuenta con las circunstancias apropiadas para ejercer su profesión, disfrutar de su ocio y de cierta intimidad, lo cual aumenta los problemas de salud, y en especial de salud mental. La sensación de soledad, de ser alguien insignificante y de constituir casi un excedente en la sociedad agudiza la ansiedad, la depresión, la irritabilidad y cierta agresividad hacia el entorno que, de facto, no lo acoge. Es como si un ciudadano fuera tratado como “una cosa” a la que podemos ningunear.
Digan lo que digan las diferentes declaraciones de principios de las diversas constituciones, declaraciones de derechos humanos la posibilidad de contar con una vivienda, mínimamente digna, no solo no es ningún derecho, sino que se ha convertido en una privación inhumana en muchos lugares de la tierra. La diversidad de coyunturas es casi incontable, aunque podemos pensar desde aquellos que viven literalmente al raso, hasta los que viven en tiendas, en caravanas o amontonados como objetos residuales en una superficie mínima.
En los supuestos estados más ricos, se está dando la esperpéntica situación de que muchos de los que carecen de vivienda o están hacinados, tienen un trabajo al que acuden cada día, pagan los impuestos que les corresponden, pero su sueldo no llega, a menudo, ni a cubrir el alquiler, con lo cual los suministros, la alimentación, la ropa son necesidades imposibles de cubrir. Se da además la circunstancia de que para conseguir que a alquilen le alquilen un piso -al menos en el área metropolitana de Barcelona- tiene que lograr que familiares o amigos finjan alquilar el piso adjuntando su nómina como un ingreso más, porque sino es totalmente inviable conseguir un alquiler. Además, el desajuste que se está produciendo en estos momentos entre la poca oferta y la gran demanda, obliga a los aspirantes a alquilar una vivienda a ir repartiendo documentación privada a diestro y siniestro para pasar una especie de “casting” que se asemeja a una subasta caprichosa y arbitraria.
Descrita a grandes trazos la situación, nos preguntamos ¿cómo puede aceptarse que quien carece de vivienda sea un porcentaje significativo de ciudadanos que tienen trabajo? ¿No debería el estado garantizar que la relación precios de la vivienda/sueldos permita subsistir a un ciudadano de renta baja? ¿Si no hay garantías de cubrir las necesidades básicas, partiendo del compromiso del ciudadano, qué legitimidad tiene un Estado de Derecho? ¿Qué regula el Derecho?
Fijémonos que, la crisis aparente de la vivienda constituye una crisis más profunda, relativa al modelo económico/político, que a medida que quiebra aumenta exponencialmente las desigualdades entre ricos y pobres, desapareciendo prácticamente las clases medias y engrosando los grupos de ciudadanos que se hallan en riesgo de pobreza. Obviamente, estas grietas del sistema se abren cada vez más porque quien acumula la riqueza, acumula el poder y, en consecuencia, los que podrían no están en absoluto interesados en iniciar ningún proceso de regulación más justa del sistema -ya no planteamos un cambio de modelo económico-político-.
Hace unas semanas, un joven inmigrante que vivía en la calle apareció muerto. Una vecina indignada, casi hasta el desquiciamiento, clamaba por la inhumanidad de la sociedad que ya no permite que los perros mueran en la calle, pero sí las personas. ¿No estamos todos algo desquiciados?
[1] https://www.barcelona.cat/metropolis/es/contenidos/la-crisis-de-la-vivienda

Singular: 1 comentario en “Tener un techo o el lujo del desquiciamiento.”