El espectáculo esperpéntico que Trump y el vicepresidente de EE. UU. le organizaron ayer al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, merece unas palabras de repulsa sin tapujos.
No recuerdo que en ninguna ocasión una negociación, y menos tras una guerra de tres años, se haya llevado a cabo en directo y con la prensa convocada. Intuyo que el primer sorprendido fue el presidente ucraniano, que no debía creerse lo que estaba sucediendo. La puesta en escena de un país poderoso representado por las dos máximas autoridades tendiendo una trampa mediática al presidente, en solitario, de un país que lleva años de tragedia, dolor, pérdidas de vidas humanas y una situación límite, endosándole una regañina, en toda regla, como si fuese el padre del mundo que le estira de la orejas a su hijo por no portarse bien y ser agradecido, ha sido una excentricidad, arrogancia, chulería y un narcisismo patológico más de los que Trump nos brinda cada día.
En esta ocasión, su performance daba literalmente asco y enervaba a cualquiera que tenga algo de sentido ético. Todos sabemos que así no se media en una negociación de paz, que es la única función que puede tener aquí el presidente norteamericano, sino que ese tipo de asuntos para los que hay que tener altura política se hacen en privado. Como sabemos que Trump todo lo deforma, trató a Zelenski como si fuese el invasor, y le propinó la bronca que se “merecía”. El mundo al revés. Así, parece que EE. UU. y Rusia han decidido que los términos de la paz los pactan ellos y que nada tiene que ver la tierra arrasada y devastada que fue invadida hace años.
Tampoco debería sorprendernos, lo visto ayer, tras el video difundido por el gobierno de Trump de cómo se imaginan a la Gaza del futuro, un resort de vacaciones. Creo que no es ni inmoral, sino que son amorales, es decir, carentes de sentido moral como unos psicópatas cualquieras.
Una puesta en escena parecida intentó con el presidente de Francia, Macron, con la sustancial diferencia de que siendo la situación de los países abismal -por el escenario bélico de Ucrania- y el presidente francés más curtido políticamente, y no abatido por un pueblo devastado, que el ucraniano, el gabacho se permitió el lujo de reírse no se sabe si de él o con él, cortarle y hacerle callar. No parece que tenga intención de montar estas escenas con el presidente Putin, el de China u otros países que a él le deben parecer respetables.
Desconocemos que nos depara cuanto está haciendo el demencial presidente Trump, pero creo que hay que constatar que este segundo mandato es mucho más agresivo, contundente y sin criterio político que esté a la altura.
