Daño, dolor y venganza: el ciclo absurdo.

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Resulta cansino por inútil seguir escribiendo reiteradamente contra las guerras. Sin embargo, ¿qué otra cosa se puede hacer, más que verter letras cíclicamente? La impotencia, la rabia y la indignación no pueden descargarse si no es mediante el lenguaje para la mayoría de los ciudadanos, profiriendo proclamas en manifestaciones o rasgando ese papel ya inexistente con la pluma añorada. El gesto de trazar líneas en un papel en blanco parecía emular las grietas de la existencia humana. Ya no disponemos de eso. Digitalizamos esa incomprensión ante el exterminio del pueblo palestino -quizás el más sangrante en estos momentos- y la perplejidad ante la impotencia, o la falta de voluntad contundente por parte de la comunidad internacional, de frenar a un gobierno israelí que no tiene límite, ni leyes que lo contengan, ni moral alguna que pueda justificar su violencia contra un pueblo desarmado, entre los que dice buscar “terroristas”.

A estas alturas, sabemos que encontrará a cualquier terrorista que haya porque el método inequívoco es eliminar a todo el pueblo palestino. Sin embargo, el dolor que se está infringiendo no será gratuito. Vendrán generaciones con los ojos fuera de las órbitas por el odio y habrá venganza, seguramente sobre quienes no tienen responsabilidad alguna sobre lo que hoy hace Israel. ¿No es algo así lo que lleva a cabo el Estado israelí a resultas del holocausto? ¿Y qué responsabilidad tiene Palestina? La mala resolución o compensación de los vencedores de la II guerra mundial al pueblo judío está llevando a que se repita un genocidio similar, contra quienes nada tuvieron que ver con el exterminio de aquel momento.

La búsqueda en internet de la instrucción militar que reciben los niños en Israel está silenciada, siendo imposible hallar fotografías al respecto. Por el contrario, las fotografías de los niños palestinos soldados proliferan en la Red. ¿la mano invisible que maneja la opinión pública?

Israel dice defenderse, pero lo cierto es que arremete contra todo lo que se mueve a su alrededor; a eso se le llama miedo, o rencor, o el estado judío sabrá, …pero no es en absoluto defensa tal y como se está llevando a cabo en todas las zonas fronterizas. Se ha convertido en el mayor peligro para oriente medio, y esto porque nadie le frena; no hay organismo internacional con legitimidad reconocida para el estado israelí que pueda imponerle unos límites infranqueables. Curiosamente, quien le concedió legal pero ilegítimamente parte del territorio palestino ahora no posee ninguna autoridad para obligar a Israel a cumplir con el reparto territorial del tratado inaugural. Las resoluciones resultan cínicas, porque ningún país miembro de la ONU está dispuesto a garantizar su cumplimiento.

Seguimos cada día entre los escombros de todo un país destruido en Gaza y la matanza y expulsión de los palestinos en Cisjordania, contabilizando muertos, heridos, amputados y vidas destrozadas para siempre. El día que el pueblo palestino quede expulsado totalmente de las tierras en las que vivía, ¿diremos que es una réplica en pequeño del siempre victimario pueblo judío? ¿Se deja de ser víctima provocando que lo sea otra? o dejándose de considerar como tal en base a un fundamentalismo religioso que los lleva a creerse el pueblo elegido por un Dios, un tipo de dios que más nos vale que se disuelva, si en su nombre se cometen estas atrocidades. De la misma manera que no podemos aceptar dios alguno, sea de la creencia que sea, en nombre del cual se cometan brutalidades semejantes contra otros humanos.

Hay que reconocer que tampoco hace falta dios alguno para armar de legitimidad acciones que deberían ser inadmisibles. Esa supuesta legitimidad es el relato construido para convencer al propio pueblo de que lo que está haciendo su gobierno es justo y tiene como único fin protegerlos.

Los tiempos que vivimos están atravesados por la falta de fingimiento en la legitimación de las acciones. Ya no hace falta justificar que se mata por razones económicas, para expoliar tierras ajenas y obtener el máximo rédito de ellas. A muchos ciudadanos les parece razonable que su gobierno actúe así. No vivimos en estado de naturaleza, vivimos en un estado de incivilidad supino que se mueve por una única razón: sálvese quien pueda, y ya sabemos a priori quiénes pueden salvarse.

Desde la culpa, casi, de no conocer el horror y hablar de él, este escrito es uno más cuya resonancia afectará la sensibilidad de algunos ciudadanos tan impotentes como quien lo suscribe. Otros, cuando perciban de qué trata prescindirán de su lectura, ya que ciertamente nada nuevo hay en el horizonte.

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