La génesis de lo humano -un apunte-

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Cuando la necesidad se convierte en demanda porque el otro ha atravesado la carne en estado puro mediante el lenguaje, o sea, la necesidad primigenia es en el instante en el que el otro acude y dice, pronuncia, habla de lo que el foco de necesidad necesita. Desde ese momento la demanda desde la que se va construyendo el sujeto corre el riesgo de no ser la propia necesidad, sino la demanda del otro.

Así nos hallamos transformados gracias a la mirada ajena, pero también atravesados por el otro, por lo que el desafío de la formación del sujeto será saber cuál es el deseo propio. A menudo, creemos que deseamos lo que decimos, pero rigurosamente no es del todo veraz. El hecho de ser por y en el lenguaje, y en principio por el lenguaje del otro dificulta dilucidar cuál es nuestro auténtico deseo. Este será lo que nosotros podamos decir de nosotros mismos y, por ende, siempre hay algo que se nos escapa, que dejamos atrás, aunque no del todo, eso real a lo que no podemos acceder. Y ese no dejar atrás del todo condiciona de algún modo nuestros impulsos, esos que recubrimos con una pantalla para poder soportarlo: nuestro fantasma.

Todos “tenemos fantasmas”, la cuestión es tomar conciencia de la función que ejercen en nosotros como sujetos y asumirlos, lo cual no quiere decir desmantelarlos porque nos protegen de eso que somos y que nos resulta intolerable.  Desde esta perspectiva, creemos ser nosotros mismos como si hubiésemos emergido por cuenta propia, cuando somos el resultado de la posición y el cómo nos mira el otro y nos construye.

Quedarse en este punto resulta algo decepcionante. Tal vez, cabe destacar la potencia que el sujeto adquiere usando su propio lenguaje y emancipándose, también, en algún grado de los otros. Sabiendo que nunca podemos prescindir de ellos porque, supuesta nuestra génesis, sería como una negación de nosotros mismo como sujetos.

Esto nos lleva a concebir cómo son posibles las comunidades humanas y qué condiciones son necesarias para que estas devengan un lugar común y también propio. El mayor fracaso de lo político consiste en no ser realmente político.

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