Leyendo a Cioran, me detuve en un párrafo que me pareció excepcional por la frase con la que finaliza:
“Cuando adolescente, la perspectiva de la muerte me sumía en trances; para escapar de él, me precipitaba al burdel donde invocaba a los ángeles. Pero, con la edad, uno se acostumbra a sus propios terrores, no hace ya nada para liberarse de ellos, se aburguesa uno en el Abismo.” [1]
Mientras uno inicia el proceso de conciencia de sí mismo y cuanto eso implica, la muerte, según el autor, solo cabe la huida -la suya una forma algo paradójica-. Sin embargo, conforme uno acumula experiencia, reflexiona sobre sí mismo y el mundo, solo acaba residiendo como si fuese acomodadamente en el Abismo, en el precipicio de la muerte y del sinsentido que nos atenaza.
La frase final me resulta sublime si tenemos en cuenta que el aburguesamiento es una posición acomodada y sin presiones económicas y sociales. De aquí, que quien se sitúa, resignado, en el Abismo no deja de estar mirándolo de cara, frente a frente y asumiendo que sobrevivimos si somos capaces de soportar ese lugar abisal al que llega cualquiera que acostumbre a reflexionar y plantearse cuestiones.

Nietzsche había afirmado con anterioridad «Cuando miras largo tiempo al abismo, el abismo también te mira a ti» [2], es decir, quien se detiene en el caos, la nada está se inocula en él, hasta el punto de que, como decía Cioran, nos aburguesamos, permanecemos mirando al Abismo.
Ante semejantes advertencias, no considero, no obstante, que la reacción deba ser huir, al contrario, aquellos que no son capaces, si así lo han intuido, de mirar cara a cara al Abismo -la nada, el caos, …- acaban siendo devorados por él. Mientras que los que miran, ven y sostienen el dolor de estar existiendo sin propósitos trascendentes, está amando su existencia tal cual la concibe y asumiendo que, a partir de ahí, depende de él lo que haga de ella, el sentido que le confiera.
Ahora bien, la actitud no debería ser la de “aburguesarse”, esperando que suceda o acontezca lo que sea, sino la de actuar, erigirse en sujeto de sí mismo y orientar esa existencia hacia donde considere.
Finalizando, persiguiendo los deseos propios para hacer lo que queramos -o podamos- con el inconveniente de haber nacido.[3]
[1] Cioran, E. “Contra la historia”. Ed. Tusquets. Pg.30
[2] Nietzsche, F. “Más allá del bien y del mal” Ed. Orbis. Aforismo 146
[3] La expresión hace referencia a una obra de Cioran titulada así, y de la cual recomiendo fervientemente su lectura, para mirar al Abismo sin miedo.
