Sensibilidad, sin sensiblería.

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Si el desasosiego y la inquietud nos alteran el pulso, es que algo se ha desajustado en nuestro interior. Hay personas muy epidérmicas, es decir con una sensibilidad muy fina que perciben y se ven afectadas por lo que otros considerarían nimiedades. Otras parecen poseer piel de serpiente, árida, gruesa y difícil de traspasar.

Sea cual sea la condición de la sensibilidad, lo cierto es que es necesario poseer una habilidad equilibrante. Así, los salpicones que se reciben pueden ser absorbidos o repelidos, según convenga. Es casi una cuestión homeostática, por lo que se requiere del respeto y la comprensión ajena para tomar decisiones propias. Los juicios son nefastos. Sitúan a unos por encima, superiores a los otros, como si hubiese un umbral universal del grado de sensibilidad que debe tenerse.

A menudo, los ofidios postergan tanto la aprehensión de esa desregularización que, cuando la perciben, están tan perturbados que el esfuerzo y las estrategias para recuperarse son más complejos.

Sea como fuere, la sensibilidad es la facultad de sentir con un significado amplio: emotividad, afectividad, delicadeza, impresionabilidad, sentimiento, ternura, …y en cuanto abarca tantos aspectos del sentir, cada uno debe, según su grado de afectación, tomar las medidas necesarias para combatir el desasosiego y evitar una reacción, ante tanto estímulo nocivo, desmedida hacia los otros o a sí mismo. La rabia y el dolor aparecen como síntomas-alertas de que estamos sometidos a una presión intolerable. Y aquí es cuando entra en juego esa epojé deseable ante las decisiones de unos u otros, por falta precisamente de un conocimiento profundo de la sensibilidad ajena.

Ser excesivamente sensible puede causar perjuicios o bienestar para el sujeto en cuestión, pero lo que parece casi una evidencia es que para el resto de los individuos, alguien hipersensible empatiza rápidamente con el dolor ajeno, y en ese sentido es más probable que se aleje de un egocentrismo narcisista -a no ser claro que se sitúe obsesivamente en su condición epidérmica-. También, solo con sensibilidad puede encontrase en el viaje la Belleza.

Reivindico el espejismo
De intentar ser uno mismo
Ese viaje hacia la nada
Que consiste en la certeza
De encontrar en tu mirada
La belleza

Luís Eduardo Aute

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