La necesidad de escuelas públicas que garanticen el derecho a una educación universal no es discutible. O sí, para algunos. En cualquier caso, partiré de esta premisa como un servicio de toda sociedad debería proporcionar a la ciudadanía.
Lo que sí está sujeto a discusión, u ojalá a diálogo, es en qué condiciones puede cumplir su cometido una institución escolar pública. Aquí en Catalunya, las contingencias con las que debe subsistir la escuela pública son muchas y diversas. Para empezar, el hecho de que el proceso de adjudicación de plazas al alumnado, por parte del gobierno catalán, priorice ante todo el lugar de residencia o del lugar de trabajo de las madres y padres. Como en la mayoría de los casos se utiliza la localización de la vivienda familiar se produce un efecto de aglutinación de los alumnos en función de su poder adquisitivo. Esto implica, a menudo, su origen, el tipo de trabajo al que pueden acceder los padres, el nivel cultural, …De tal forma que hay escuelas públicas con grados de complejidad diferentes atendiendo al alumnado. Esto se suele criticar como un agravio en tanto que hay un sesgo por clases sociales indiscutibles. Los que viven en el barrio de Sarrià, Pedralbes, Sant Gervasi, a parte de que cuentan con menos escuelas públicas, al ser todos de clase alta se aglutinan entre ellos, y, por ende, la diversidad del alumnado es menor y el trabajo educativo más posible.
Si estas zonas mencionadas tienen un parque menor de escuelas públicas es porque están plagadas de escuelas privadas, que muchas familias eligen para sus hijos, y también de lo que se denominan escuelas concertadas. Estas son centros privados que tienen un concierto con la Generalitat por el cual deben ofrecer un servicio de escuela pública. Aquí se inicia la primera gran falacia. El concierto consiste en que la Administración pública paga al profesorado -menos si tenemos en cuenta las horas lectivas y no lectivas- y una parte del material de secretaría, escolar -que es ínfima en porcentaje-. El mantenimiento de las instalaciones, sean las que sean, de los sueldos del personal no docente y del resto del coste del material lo asume el centro concertado. Lógicamente ¿de dónde va a obtener el centro dinero para cubrir esos gastos? Pues evidentemente de las familias. De ahí que se hallan buscado, con la connivencia absoluta de la administración, estrategias legales para cobrar cuotas al alumnado que permitan sufragar los gastos. No se puede exigir a una escuela concertada que no cobre, con el argumento de que tiene concierto, por lo explicado anteriormente y porque es una trampa de la propia Generalitat, que con lo que le cuesta el concierto de varias escuelas privadas no conseguiría cubrir la creación de un nuevo centro público.
Aquí hay desde los inicios de la democracia un doble discurso por parte de los diversos gobiernos que han pasado por la Generalitat, ya que llenándose la boca de apostar por la escuela pública, crean conciertos económicos con las privadas para ahorrarse dinero, y poder incluir a las concertadas dentro del número total de escuelas públicas que ofrece la Generalitat, no siendo este dato real.
El colmo de los colmos es que haya escuelas de titularidad pública que están utilizando este vericueto legal que usan las concertadas para cobrar cuotas mensuales a los alumnos y, de paso, hacer una cierta criba del alumnado. El requiebro, conocido por todos, consiste en que la cuota se hace supuestamente de forma voluntaria a la Asociación de Padres, no a la escuela. Esto es un engaño conocido y consentido por la Generalitat, que logra que la escuela pública ofrezca servicios que se acostumbran a tener en la concertada: colonias durante el curso, piscina semanal durante un trimestre, material.
En fin, que la escuela pública es muy camaleónica. Se adapta a los entornos, a pesar del gobierno del que depende.
Este panorama de la escuela de titularidad pública, privada concertada y privada, es una forma de perpetuar desigualdades. Tampoco hay que cerrar los ojos ante el hecho de que escuelas concertadas en los mismos entornos que las públicas, con un alto grado de diversidad de alumnos, al tener un proyecto educativo más interiorizado por el profesorado suelen dar prestaciones educativas mejores. En el caso de la pública depende, entre otros factores, del equipo humano que por contingencia se ha concentrado y cuyo encaje y entente les lleva a poder trabajar con un sentido y un propósito claro, adaptando el proyecto del centro a su alumnado.
En cualquier caso, y puesto que no he ejercido en la pública, aunque sí estudié en ella, no puedo imaginarme cómo puede trabajar el profesorado con el 90% de alumnos inmigrantes, con no sé cuantas lenguas que fluyen por el aula, sin que en estos centros el equipo humano que trabaje con cada clase esté reforzadísimo y se le proporcionen estrategias educativas aplicables. Aquí, siempre recae la responsabilidad sobre el profesorado, depende de su sobreesfuerzo, y acaba con otro docente frustrado ante la imposibilidad de facilitar que estos alumnos avancen y aprendan desde su situación particular.
De ahí que quienes teorizan sobre cómo educar y diseñan los sistemas educativos, entre ellos pedagogos, sean de lo más rechazado por parte del profesorado, ya que en su mayoría son profesionales que no se las han visto en un aula con 25 o 30 alumnos, nunca, y menos con la complejidad que se ha descrito. Si alguien se pregunta por qué las pruebas PISA salen tan bajas en Catalunya, por ejemplo, debe tener muy en cuenta lo que aquí se ha expuesto y, además, qué miden realmente esas pruebas, cuando hay contextos en que lo urgente es que los alumnos aprendan la lengua local para poder iniciar un proceso de aprendizaje en otras áreas.
En definitiva, quizás la mejor solución sea tener escuela pública y escuela privada, aunque esto no deja de generar desigualdades si tenemos en cuenta que la riqueza se transmiten generación tras generación, y algunos parten con una desventaja injusta. Seguramente no hay modelo ideal. Y tampoco, la posibilidad de que unos padres puedan elegir el tipo de educación que quieren para sus hijos: una escuela catalana, una escuela religiosa, una escuela que prioriza el aprendizaje simultáneo de diversas lenguas, excepto claro está los que más tienen.
El problema de la red de escuelas es tan complejo como las mismas sociedades en las que vivimos y debemos ser capaces de elegir el mal menor.
