Ante la necesidad imperiosa de respuestas a cuestiones nucleares que los humanos nos planteamos, surgen mitos, religiones, filosofías, la ciencia misma. Unas se basan en la fe que los individuos les prodigan, creyendo lo que un dios ha revelado -antes dioses- mediante profetas. No hace falta argumentación alguna, el único requisito para que las respuestas satisfagan es la creencia ciega en la religión. Los mitos son formas metafóricas que dan respuestas mediante narraciones no fácticas, requieren de interpretación y pueden iluminar tanto a las religiones como a la filosofía.
Si lo que esperamos son respuestas racionales la tarea es ardua, ya que siempre partimos de supuestos implícitos que son el fundamento de la aparente racionalidad -por ello son metafísicos-. Así, cualquier teoría filosófica parte de una ontología de la que deriva sus argumentaciones racionales, que a unos les convencerán y a otros no.
La ciencia aparenta tener una idiosincrasia diferente. Sin embargo, no puede escaparse de supuestos metafísicos en el marco de los cuales funcionan las teorías. Esto se ha constatado en las investigaciones sobre el origen y la evolución de las ciencias. Un caso aparte, porque no es una ciencia sobre el mundo, aunque hoy en día sin ella no sabríamos interpretarlo, es el de la matemática. Lo que se han denominado ciencias formales, matemática y lógica.
Aún más, la ciencia es un conocimiento provisional que se pretende riguroso y certero, pero nunca de manera absoluta. Esto lo demuestran las progresivas sucesiones de unas teorías por otras, que tuvieron su período de validez, pero fueron desbancadas por nuevas teorías que se consideraba que explicaba mejor el mundo. Aquí están incluidas las ciencias naturales y físicas -como la medicina-.
Con esta breve introducción, pretendo mostrar que no hay verdades absolutas en ningún ámbito. Las teorías científicas funcionan como explicaciones verosímiles, hasta que dejan de hacerlo. La filosofía no debería pretender hallar verdad alguna, sino pensar las condiciones de posibilidad de lo veraz y extenderlo al ámbito de lo ético-político. Creo que de las religiones no cabe clarificación alguna al respecto.
Quienes han estudiado el surgimiento de la filosofía y de la ciencia occidentales saben que lo descrito aquí ha sido la constante hasta nuestros días. Ni la aparición de la Inteligencia Artificial puede cambiar eso, aunque tengan un funcionamiento muy eficaz, ya que ha sido diseñada por el humano con elementos matemáticos y lógicos, que son reglas inventadas que implican unos principios y excluyen otros, son un lenguaje distinto al natural, que intenta evitar las ambigüedades de éste, pero que se formaliza según principios considerados indiscutibles de la razón humana, es decir falibles.
Aquellos que estéis interesados en una introducción sobre cómo cambia la ciencia os recomiendo una obra, que es un clásico: “La revolución copernicana” de Kuhn[1] por un lado, y otra “Qué es esa cosa llamada ciencia” de Chalmers[2]. A pie de página tenéis enlaces para leerlas. Sirven para situarse en el problema de la ciencia, a partir de ahí solo queda profundizar con más lecturas.
Aquí tenéis además un video introductorio de Darío Sztajnszrajber.
[1] https://dn721801.ca.archive.org/0/items/kuhn-thomas-la-revolucion-copernicana/Kuhn%20Thomas%2C%20%20La%20revoluci%C3%B3n%20copernicana.pdf
[2] https://materiainvestigacion.wordpress.com/wp-content/uploads/2016/05/chalmers1984.pdf

Clear and thoughtful, it reminds us that the search for truth requires openness and critical thinking.
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