“Esta es, mi opinión, la paradoja más deliciosa que nos ofrece Birulés en el libro donde, desde el principio hasta el final, aprendemos que pensar es hacer y que, en realidad, no podemos decir que hacemos, no podemos otorgarnos agentividad, sin pensar. Y esto no sucede porque Birulés apele a una libertad de acción absoluta
