Promesas

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Las promesas tienden a perder su cariz sagrado en sociedades como la nuestra donde nada es intocable, ni incuestionable. Es más diría que intentar rubricar una pacto como promesa no tiene hoy prácticamente credibilidad ni valor. Las garantías del cumplimiento de la palabra exigen otro tipo de condiciones. Sin embargo me temo que no haya sustituto de la confianza que vincula en la promesa, y que refuerce los lazos entre los individuos. Cualquier otra garantía que pueda exigirse excluye la confianza y deteriora la relación. También podemos pensar la disolución de la promesa como la superación de un cierto infantilismo social, en el sentido de que tras la palabra dada no es necesario aplicar la expresión “lo prometo” sino que expresado un compromiso, éste tiene el valor y vincula como si fuera una promesa, aunque ya no se usen estas fórmulas de rúbrica.

La palabra lleva implícita el supuesto de su veracidad y en la comunicación con los otros es un supuesto sin el cual no habría posibilidad de vinculación.

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