Etiquetas

La Política se ocupa del poder, el cual está sometido a su vez a los poderes económicos que lo financian y apoyan para que posteriormente ese poder político gobierne según los intereses de quien lo mantiene a flote.

Reconocido así,  el circo de la democracia, nos permite oscilar de la pena a la risa, pero adquiriendo conciencia de un hecho fundamental: la política no es el arte de gobernar en vistas al bien común. Esta perspectiva estaba bien mientras resultaba creíble. Hoy, al borde de las terceras elecciones consecutivas, con ganas de despedir laboralmente a todos los líderes políticos procedentemente para que no merezcan indemnización ni paro –parados llevan casi un año- e inhabilitarlos por incapaces para volver a ejercer ningún cargo, podemos afirmar que si la democracia estaba en absoluta decadencia ahora es la decadencia empotrada en el suelo del pozo.

Al menos, es más evidente para más ciudadanos que esos discursos de naturaleza contractualistas que endulzaban nuestros oídos, son falacias que funcionaron como paradigmas válidos en otros contextos históricos pero que en el actual se parecen al cuento de la bella durmiente. Describir cómo funciona u opera la política hoy, es hablar de lucha de poder entre los partidos que son fuerzas representativas de poderes económicos, y así hay que asumirlo.

Solo partiendo de una perspectiva realista los ciudadanos tiene margen de acción y la cuestión es ¿Cómo actuar ante un poder que, ciertamente, no nos representa pero decide sobre nosotros? ¿Cómo negociar con un interlocutor para el que somos daños colaterales? Podríamos seguir formulando preguntas en esta línea, pero lo destacable es que modificada la realidad hay que modificar también las estrategias de abordarla para modificar aquello que se torna en contra del ser humano.