Huída

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Alguna vez pensé en retirarme a un viejo Monasterio. No para aislarme yo, sino para aislar a los otros de mí, que bastante trasiego llevan consigo mismos. Pero me apercibí de que era en vano, me escribían anhelando respuesta, me venían a visitar, convencidos de que la vida espiritual, que se suponía llevaba, me había otorgado un don especial, una visión casi divina. Así, constatado el hecho de que no aceptaban ser aislados de mí, tuve que actuar con mayor contundencia. Me adentré en la parte más profunda del bosque y delante del río y de la mano de Virginia Wolf fui desapareciendo bajo las aguas, que no caminando por encima de ellas.

Aun así, tenía que haberme incinerado. Acudían a mi tumba, me cubrían de flores que acababan marchistas y mal olientes. Yo solo confiaba ya, en los gusanos o en que me convertiría en polvo, o en que la muerte fuera algo más serio que esto.

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