Retórica vacua

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Quienes destartalan un discurso forjado con dedicación por otro -el cual solo pretende abrir un diálogo- realizan un gesto de soberbia contra el lenguaje por la impotencia de no saber jugar con las reglas que lo rigen. Bordeando, pues,  unos límites que se les tornan incomprensibles, despliegan la osadía de deslizar palabras, reconstruir frases, cambiar nexos y descuajeringar el orden lógico del relato proferido. Así, lo expuesto parece carecer, en la reformulación hecha por los ignotos un sin sentido, un absurdo. Donde nadie reconoce ya, nada de lo dicho aunque sea  una síntesis de lo acontecido durante un tiempo y un espacio en una comunidad en crisis.

Finalmente este tipo de ejercicio se antoja estéril y cansino. Se asemeja más a una retórica sofista que puede quedar “resultona”, pero que para nada es el objetivo de quien se dispone a indagar y buscar consensos que respeten a la mayor parte de los implicados. Cierto que cualquier lugar no es el foro para esto, pero pueden ser puntos de conexión para establecer diálogos ulteriores. Aunque eso no interesa. En ocasiones parece que todo se resuelva en el mismo ejercicio de decir por decir, como si el lenguaje en sí mismo diera satisfacción a este tipo de problemas.

El desánimo y el cansancio son lícitos. Habrá que esperar mejor ocasión para proponer reflexiones de las que se pueda disentir o no, con la calma de quien puede seguir dejándose llevar por la pausa sabia del lenguaje.

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