Las tradiciones, por muy arraigadas que parezcan, pueden tener también su fecha de caducidad. En un mundo regido por el capital más globalizado ahora que nunca, lo que acaba predominando en cualquier ámbito, y en el ocio también, son aquellas formas de festejar acontecimientos más atractivas y comerciales, donde si se puede involucrar a la juventud son por supuesto más rentables. Así , en Catalunya la fiesta de la Castanyada se ha convertido en un festejo de fantasmas comiendo panellets y castañas, denominada Halloween, donde lo principal son los zombis, los fantasmas, los sustos y lo siniestro de los disfraces que campan por calles y fiestas. Google no has obsequiado a todos con un juego al respecto en su página de inicio del buscador. Entrañable.
Así, me cuestionó, si vendemos la cultura al mejor postor sin ningún tipo de resistencia ¿por qué nos empecinamos en resistir “con honor” como si lo tuviéramos, ante otro tipo de asalto, fingiendo que lo que nos importa es la cultura? Esta cuestión la lanzo, evidentemente a los supuestos políticos que parecen defender, a riesgo de la propia integridad, la nación catalana, cuando me temo que solo están esperando que aparezca la oferta oportuna. Algo así le debió pasar a Jordi Pujol –padre-
Lo dicho, estamos en un mundo volátil y nada es perpetuo, hay que valorar con el suficiente relativismo las cosas poniendo por encima a las personas, y esto hay que decirlo en forma supina si lo aplicamos a los políticos.
