¡Qué silencio se siente esta madrugada! No hay murmullos casi inaudibles de esos que confunden y dan lugar a la sospecha, a la suspicacia de creernos rodeados de seres sufrientes. Hay una ventisca de paz que atraviesa suavemente toda la oscuridad. Por una noche cesaron los gemidos y el llanto quebrado, no había sonido alguno todo se llenaba de calma sosegadora. Este vacío sonoro ha sido un regalo, una dádiva merecida para retomar la mañana que ya acecha.
Sosiego
Etiquetas: Existencia
Publicado por Ana de Lacalle
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