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Languidece el espíritu que no se halla en lugar alguno. Que confunde las formas cordiales de la educación con emociones significativas. Y cuando se apercibe del error, ese menguar le conduce a la disolución por la vergüenza que siente, el menosprecio de sí mismo. Es como un indigente ninguneado de afecto para el que no hay albergue ni tan siquiera nocturno.